Reseña de Aerosmith en Colombia 2011

AEROSMITH
LA LEYENDA
THE HALL EFFECT
THE BLACK CAT BONE

Bogotá, Parque Metropolitano Simón Bolívar
Jueves 3 de noviembre del 2011

ASÍ SON LOS CLÁSICOS

El rock es para los supervivientes. Al menos así nos los han demostrado protagonistas del genero que ya se ubican en el sexto piso de la existencia y pese a los mares de licor conjugado con fármacos que recorrieron sus venas ahí continúan embarcándose en giras por el globo con una vitalidad que nos lleva a preguntarnos si el “mal camino” los condujo al elixir de la eterna juventud. Claro, Ozzy o Lemmy no lucen precisamente como unos polluelos y la cara de Aerosmith, Steven Tyler tampoco es el caso. Más la flama del rock and roll continua ardiendo dígase lo que se diga gracias a estos brontosaurios que aun roban sonrisas y aplausos por su entrega, sobre todo en este rincón del planeta donde ni siquiera nuestros abuelos los conocieron con menos arrugas y dentaduras completas.


Aerosmith es un emblema para el rock estadounidense. En la década de los setenta los británicos hinchaban el pecho con Led Zeppelin, Deep Purple, Pink Floyd, Queen y tantos más, al otro lado del Atlántico destellaban en las arenas Kiss, Journey, Alice Cooper, Lynyrd Skynyrd o The Eagles. Fundamentales pero huérfanos aun hoy del reconocimiento como pilares que tenían los súbditos de la corona. La bocota de Tyler y la primorosa guitarra de Joe Perry se vieron como una respuesta –un tanto tardía- a la magia que propagaba la dupla Jagger-Richards en días de la invasión británica. Adentrados en el blues rock, los de Boston publicaron su primer redondo, “Aerosmith” hace 38 años, donde reposan dos canciones que en esta cita en Bogotá saldrían a desfilar.

Los setentas fueron dorados para el quinteto; los ochenta se los tragaron sus narices y los noventa los vieron reverdecer gracias a un buen número de singles que MTV transmitió hasta el agobio. El nuevo mileno ha sido una etapa discreta, pariendo un álbum bastante flojo en 2001 bajo el título de “Just Push Play” y una recopilación de versiones tres años más tarde que los volvían a poner en cintura con sus raíces blues, “Honkin\' on Bobo”. En diez años Aerosmith no ha lanzado una nueva producción de estudio, optando por efectuar rentables tours exprimiendo su glorioso pasado. Un mal del que no solo han sufrido ellos, Kiss nos visitaron con un bache fonográfico de once años. Al final de cuentas dudo que para los colombianos aquello fuera preocupación ya que su presencia rozaba lo utópico y con un repertorio tan holgado, carne era lo que había para poner en el asador.


Lo curioso es que Aerosmith cumplió dos fechas en Colombia en momentos muy difíciles, donde incluso se habló de la disolución de la banda, con Tyler regresando a la dependencia a los narcóticos y abandonando poco después la nave en pro de un álbum en solitario. Por fortuna ni la participación del cantante como jurado en American Idol o su pavoroso sencillo veraniego “(It) Feels So Good” le han hecho perder del todo la cordura al momento de optar por subirse en esa maravillosa institución del rock juerguista que es Aerosmith. Pero los problemas no han sido solo a nivel personal, en el lapso de año y medio que ha corrido entre los dos shows en Colombia hemos visto “remendado” a Tyler en sendas oportunidades. Una fractura de costillas en la gira “A to Z Tour” junto a ZZ Top al caer del escenario no evitó ver a Tyler triunfando meses después en el parque Simón Bolívar en 2010. Y ahora a poco de retornar a la capital un extraño accidente en un baño paraguayo dejó estragos en el rostro de Steven junto a un diente roto; eso tampoco resultó obstáculo para ver la gracia de un hombre que como decía al inicio es un superviviente, siempre con la consigna de “el show debe continuar” como primer mandamiento.

La presentación de Aerosmith en el 2011 tuvo como abrebocas a excelentes agrupaciones nacionales. Nada de novatos, nada de competiciones por pulgares en Facebook y nada de emuladores del grupo principal de segunda mano. La elección de los bogotanos The Hall Effect y The Black Cat Bone fue un premio a nombres de los que soy testigo de su perseverancia y meritorio trabajo en bares, festivales y por acuñar producciones discográficas de gran calidad. Por su parte La Leyenda, es una formación a la que no le queda grande el apelativo. Liderados por el maestro Fernando Latorre en batería, Augusto Martelo al bajo, Ernie Becerra en guitarra, Fabio Gómez en guitarra y voz junto a Álvaro Rodríguez en el saxofón, estamos enumerando a absolutos precursores del rock colombiano. Nos entregaron una deliciosa dosis de rock and roll con guiños a James Brown y Wilson Pickett entre otros. Con excelsos músicos patrios dio inicio un espectáculo que ya se antojaba para guardar en la memoria.

El clima invernal era una amenaza. Los poéticos dirán que los dioses del rock and roll estaban de nuestro lado, lo cierto es que los nubarrones se hicieron a una lado para que las estrellas fueran el techo del ansiado espectáculo. A poco de las ocho de la noche las melodías de The Rolling Stones vaticinaban la aparición de los cinco monarcas de la costa este norteamericana. Un telón traslucido, la bandera de las cincuenta estrellas, tres enormes pantalla centrales, dos más en cada lateral y una alargada encima del equipo de luces para enseñar la acción con los ojos en las espaldas de los músicos. Todo listo, los ánimos alborotados y una introducción propia de una trailer cinematográfico.


Cayó una descarga eléctrica en la forma del salvaje “Draw the Line”, con esto dijo Aerosmith “hola” a una concurrencia cercana a las ocho mil personas. Un número muy por debajo del que se presentó al primer concierto, pero ya sabemos como es esto, los ves una vez y luego te olvidas. Fans incondicionales por aquí hay pocos o si no pregúntenselo a Iron Maiden que si viene una cuarta vez terminan tocando en el Teatro La Mama. Una pieza para prender a la audiencia proseguiría, era “Love in an Elevator” que puso a cantar a todos. El primer corte descolocó a más de uno, pero si este hit de “Pump” no te lo sabías ¿a que habías venido está noche?

No soy dado al “youtubeo”, así que la condición física de Steven Tyler me era un enigma. El escenario contaba con una pasarela donde la mayor parte del tiempo vimos al frontman en la punta, metido entre la muchedumbre, puesto en su ornamentada chaqueta y sombrero púrpura, gafas de sol, aferrado a la particular base de micrófono con telas y lo más importante: dado a una actitud de amo del escenario. Pero la explosión inicial de luces y rock de estadio se vio menguada con “Jaded”, una acaramelada composición desde “Just Push Play” que no hace justicia al talento de los creadores. “Janie´s Got A Gun” gozó de una fidedigna ejecución, exhibiendo a unos músicos sincronizados y con Tyler haciendo gala de su timbre vocal mientras deambulaba por entre sus compañeros.


Para nadie es un secreto que Aerosmith se popularizó en nuestro país a partir del disco “Get a Grip”, la radió los ubicó como una banda para todo público y MTV catapultó los rostros de Alicia Silverstone y Liv Tyler como referentes generacionales. Cuando irrumpió “Livin´ on the Edge” -el primer sencillo de dicha obra- la histeria se apoderó del parque. Joe Perry cumplió su papel de guitar hero mientras llamaradas se dibujaban en la pantalla central. El baquetear característico de Joey Kramer marcó la pauta y acto seguido se despachó un solo de percusión. Tyler le acompañó en la recta final del esfuerzo en tambores para así ser el abrebocas a la ejecución “Eat the Rich”. Uno de los mejores cortes de la noche, con la banda arrollando desde la sólida base rítmica, las guitarras echando chispas y todo coronado con el tradicional eructo de Tyler. Magnifico.

Los “toxic twins” caminaban la pasarela, se juntaban para efectuar la mítica pose que les caracteriza y robaban la mayoría de flashes; el resto de la agrupación parada en la gran tarima se desenvolvió con naturalidad, todos aportando sus cuotas instrumentales sin las cuales esta aceitada maquina rockera no operaría. Tom Hamilton lució como si el tiempo no se las cobrara, muy presto en las cuatro cuerdas. Por su parte más sobrio bajo un sombrero de cowboy el guitarrista Brad Whitford esgrimió toda su experticia. No en vano este circo lleva cuatro décadas deleitando sin que los vendavales de las modas musicales puedan derribarlos. Los citados sujetos definen el concepto de ser un clásico a rajatabla.


La audiencia estaba compuesta en su mayoría por jóvenes, por supuesto que había uno que otro seguidor arriba de los cuarenta, pero sin lugar a dudas Aerosmith tiene su arrastre en un público o que no había nacido o eran infantes cuando se patentaron temas como “Amazing” y “What It Takes”. Hubo sobredosis de histeria, cantos a grito herido y todo lo que ustedes pueden imaginar que provocan los anteriores éxitos radiales. Whitford –quien luce como un adorable abuelo- encantó al acariciar su guitarra con unos buenos acordes que conducirían a la exquisita “Last Child”. El disco “Rocks” es una de las piedras preciosas en el catalogo de los estadounidenses así pues que nos otorgaran inmediatamente “Combination” en la voz del Joe Perry fue sumamente placentero. No obstante, para reafirmar que un alto porcentaje venía por los “Big Ones”, las dos piezas tuvieron una fría recepción.

Caso contrario acaeció con la sensiblera a más no poder “I Don´t Want To Miss a Thing” o en términos coloquiales la de “Armageddon”. Aquello provocó abrazos, suspiros y hasta encendedores en alto mientras la glucosa en la sangre se nos elevaba. No sé hasta que punto los promotores influenciaron que dicha composición fuese incluida en el repertorio teniendo presente el malestar del sector de fans “mainstream” que el año pasado se sintieron desamparados ante su ausencia. De cualquier forma hubiese preferido un corte con mayor valor, y ya que las baladas no son mi fuerte ahorraré comentarios sobre “Cryin´”.

La parte final del concierto fue más jugosa. Perry se ganó aplausos cuando portó la camiseta futbolera de la selección nacional con su apellido al respaldo. “Sweet Emocion” nos colocó de nuevo en un show de rock and roll a toda regla. Con Tyler una vez más fajándose tanto en el movimiento corporal como en lo que a interpretación concierne. Explosiones se ilustraban en las pantallas y el conjunto dispuesto a rematar por lo alto la faena. Ahora el vocalista sentado tras el piano, en medio de la marea humana regaló la imprescindible “Dream On”, quizás el punto más alto de la noche. La remozada versión de “Train Kept A-Rollin” cautivó a quienes amamos las guitarras con garra. “Walk This Way” fue divertimento puro, un tema que alborota al público que sea. “Crazy” fue otra recompensa a los fieles al FM y “Mama Kin” indicó que el grupo no olvida la incandescencia de su primer disco.


Reconozco que tras tanto inconveniente al seno del conjunto esperaba ver las migajas de lo que alguna vez se conoció como “la más grandiosa banda de rock and roll americano”. Empero las cinco personas que conforman este nombre fundamental del libro del rock siguen dando muestras de vitalidad, profesionalismo y mucho carisma. Con los buenos comentarios amparando este periplo suramericano lo que deseamos cuanto antes es un nuevo disco a la altura de su legado. Estoy seguro que unos Aerosmith enfocados están en sobradas capacidades de entregar un registro vibrante e inspirado. Si las calculadas baladas se dejan a un lado y la química previa a “Permanent Vacation” se recompone no hay duda que estos últimos años sabrán a gloria. Excluyendo el repertorio irregular, este segundo capitulo en Bogotá huele más a la antesala de una reinvención que una dolorosa despedida. Los días que se nos vienen entregarán el veredicto.

Por Alejandro Bonilla
Fotos por: Emanuel Burset
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