BLIND GUARDIAN
Bogotá, Royal Center
Viernes 16 de septiembre de 2011
LA NOCHE DE LOS BARDOS
Hace algunos años muchos nos ilusionamos al ver que durante unas horas la capital de nuestro país figuraba dentro de la lista de ciudades que visitaría Blind Guardian en su gira de ese entonces.
Desafortunadamente la alegría no duró más de un día y al poco tiempo la fecha en Bogotá fue reemplazada por una más en Brasil, por esta razón, quienes tuvimos esa primera decepción recibimos la noticia de que los bardos finalmente visitarían nuestro país con una mezcla de escepticismo y emoción. Pasaron los meses y el concierto seguía en pie, hasta que finalmente llegó el día señalado, los seguidores de la banda ya estábamos frente al teatro Royal Center y Guardian estaba dentro, esta vez el sueño se haría realidad.
Por supuesto, los tropiezos iniciales no se hicieron esperar, por problemas técnicos las puertas se abrieron casi una hora y media después de lo planeado y cuando a las 9, hora en la que se suponía Blind Guardian debería haber salido al escenario, ni siquiera los bogotanos de Entropía se habían presentado el público se empezó a alterar.
Finalmente, 10 minutos más tarde, un miembro del staff tomó el micrófono e informó a los asistentes que por cuestiones técnicas la presentación del día iba a tener un cambio, “mierda, no otra vez”, fue lo primero que, estoy segura, pensamos más de uno; sin embargo, el hombre terminó su anuncio diciendo que primero se iba a presentar Blind Guardian y que después saldría Entropía, un movimiento inteligente de la organización para calmar a la audiencia, aunque una verdadera pena para Entropía, ya que después del acto principal los asistentes cansados se dispersaron y abandonaron el teatro.
Dicho y hecho, las luces se apagaron y después de que Frederik Ehmke se sentara frente a la batería y diera los golpes iniciales a los platillos se asomaron las figuras de André Olbrich y Marcus Siepen que empezaron con los acordes iniciales de Sacred Worlds, uno de los sencillos de su nuevo álbum At The Edge of Time. El público recibió la descarga inicial de energía y la duplicó cuando el vocalista, Hansi Kürsch apareció y tomó el micrófono.
No hubo tiempo para que la audiencia se recobrara del golpe inicial porque inmediatamente los alemanes dieron paso al primer clásico de la noche, Born in a Mourning Hall, del álbum Imaginations From The Other Side. Terminó la canción y Hansi saludó brevemente al público bogotano, dijo lo emocionados que estaban de visitar por primera vez nuestro país y seguido anunció otro clásico, esta vez del Nightfall In Middle Earth, con la ya conocida invitación “let’s see what happens after Nightfall”.
Seguidas llegaron Fly y Tanelorn (Into the Void), de sus dos álbumes más recientes, A Twist in The Myth y At The Edge Of Time; serían las últimas canciones que tocarían de su nuevo repertorio, pues de ahí en adelante los bardos deleitaron a sus seguidores haciendo un recorrido por sus 25 años de carrera.
A veces, antes de las canciones Hansi daba pistas sobre el tema que seguiría y él y los demás miembros de la banda sonreían cada vez que antes de que él terminara de hablar el público gritara emocionado el nombre de la canción; así sucedió con una más del Imaginations, Mordred’s Song. Después del tranquilo final de la canción el teatro retumbó, pues una música de circo indicaba que Majesty, del primer álbum de la banda Battalions of Fear, era la siguiente canción, con la cual todos los miembros de la banda, a pesar de ciertas fallas en el sonido, demostraron que aunque hayan pasado los años conservan intactas sus destrezas y que más bien han mejorado. Inmediatamente, del Tales From The Twilight World, llegó Traveler In Time, otro clásico poderoso y rápido que hizo vibrar al Royal Center.
Nuevamente algo de interacción con el público, Hansi comentó que la altura de Bogotá los estaba afectando un poco, lo que era especialmente notorio en él pues a veces dejaba de cantar para tomar aire; sin embargo, siempre que fue necesario el público fue un excelente reemplazo de su voz. Seguido otra invitación, esta vez a visitar el salón de los más valerosos guerreros, el grito ensordecedor del público “¡Valhalla!” no se hizo esperar. Una descarga de acordes rápidos y precisos, mezclados con poderosos golpes de batería sentaron el ánimo para que sucediera lo que ya es común cuando Guardian toca esta canción en vivo y es que una canción de 5 minutos se alarga, en el caso de Bogotá, 3 minutos más porque la banda anima al público a seguir cantando el coro. Los bardos pidieron y el público respondió de la mejor manera posible, cantando con fuerza a pesar del cansancio. Para calmar el ambiente, el escenario se bañó de una luz dorada que dio paso a Lord Of The Rings, himno que no por ser más suave que las tres canciones anteriores generó una respuesta menos efusiva del público.
Llegó el momento del primer adiós de la noche, con la promesa de que sería una despedida larga y así comenzó la odisea de 14 minutos And Then There Was Silence, un tema dinámico y melódicamente diverso. Al final de la canción se repitió el juego de Valhalla y nuevamente el público respondió con lo mejor que pudo, esta vez un poco más cansados, pues varias horas en la fila y otra más saltando y cantando en el teatro estaban empezando a pesar. Sin embargo, antes de que los miembros de la banda terminaran de salir del escenario el público ya estaba pidiendo más.
La espera no fue mucha y los alemanes volvieron con un encore que prometía saciar el hambre de su música que tenía Colombia. Iniciaron con Imaginations From The Other Side, una de las canciones que el público había estado pidiendo desde el principio del concierto. Acto seguido, uno de los momentos más esperados por todos los asistentes al concierto, Siepen y Olbrich sentados en butacas armados con guitarras acústicas y la pregunta de Hansi “will you sing The Bard’s Song with me?”. Gritos y exclamaciones siguieron, pero tan pronto sonó el primer acorde el teatro se sumió en un silencio respetuoso y expectante que sólo se rompía para articular con emoción la letra de la canción. Se notaba que The Bard’s Song – In The Forest no es solo una favorita del público, pues los miembros de la banda sonreían y asentían con aprobación al ver la respuesta del público.
Después llegó la canción hermana, The Bard’s Song – The Hobbit, un poco más rápida y pesada, que dio paso a otra de las que el público venía pidiendo a lo largo del concierto, ya para cerrar. Una nueva despedida, un nuevo agradecimiento, más disculpas por haber tardado tanto en pisar suelo colombiano, promesas de volver pronto y luego “¡Mirror Mirror on the wall!”. Tanto el público como la banda hicieron acopio de las últimas reservas de energía para que este clásico del Nighfall In Middle Earth cerrara con broche de oro la tan anticipada noche.
Ni Blind Guardian ni el público resultaron decepcionados, los primeros por la acogida de los espectadores que corearon sin descanso todas las canciones y respondieron a su llamado; los segundos porque la banda demostró por qué son unos de los pilares del power metal a nivel mundial y supo resarcir en una noche dos décadas de paciente espera. Queda esperar que las promesas se cumplan y que tengamos la oportunidad de volver recibir pronto a los bardos.
Por Juanita Navarro Páez
Bogotá, Royal Center
Viernes 16 de septiembre de 2011
LA NOCHE DE LOS BARDOS
Hace algunos años muchos nos ilusionamos al ver que durante unas horas la capital de nuestro país figuraba dentro de la lista de ciudades que visitaría Blind Guardian en su gira de ese entonces.
Desafortunadamente la alegría no duró más de un día y al poco tiempo la fecha en Bogotá fue reemplazada por una más en Brasil, por esta razón, quienes tuvimos esa primera decepción recibimos la noticia de que los bardos finalmente visitarían nuestro país con una mezcla de escepticismo y emoción. Pasaron los meses y el concierto seguía en pie, hasta que finalmente llegó el día señalado, los seguidores de la banda ya estábamos frente al teatro Royal Center y Guardian estaba dentro, esta vez el sueño se haría realidad.

Por supuesto, los tropiezos iniciales no se hicieron esperar, por problemas técnicos las puertas se abrieron casi una hora y media después de lo planeado y cuando a las 9, hora en la que se suponía Blind Guardian debería haber salido al escenario, ni siquiera los bogotanos de Entropía se habían presentado el público se empezó a alterar.
Finalmente, 10 minutos más tarde, un miembro del staff tomó el micrófono e informó a los asistentes que por cuestiones técnicas la presentación del día iba a tener un cambio, “mierda, no otra vez”, fue lo primero que, estoy segura, pensamos más de uno; sin embargo, el hombre terminó su anuncio diciendo que primero se iba a presentar Blind Guardian y que después saldría Entropía, un movimiento inteligente de la organización para calmar a la audiencia, aunque una verdadera pena para Entropía, ya que después del acto principal los asistentes cansados se dispersaron y abandonaron el teatro.
Dicho y hecho, las luces se apagaron y después de que Frederik Ehmke se sentara frente a la batería y diera los golpes iniciales a los platillos se asomaron las figuras de André Olbrich y Marcus Siepen que empezaron con los acordes iniciales de Sacred Worlds, uno de los sencillos de su nuevo álbum At The Edge of Time. El público recibió la descarga inicial de energía y la duplicó cuando el vocalista, Hansi Kürsch apareció y tomó el micrófono.
No hubo tiempo para que la audiencia se recobrara del golpe inicial porque inmediatamente los alemanes dieron paso al primer clásico de la noche, Born in a Mourning Hall, del álbum Imaginations From The Other Side. Terminó la canción y Hansi saludó brevemente al público bogotano, dijo lo emocionados que estaban de visitar por primera vez nuestro país y seguido anunció otro clásico, esta vez del Nightfall In Middle Earth, con la ya conocida invitación “let’s see what happens after Nightfall”.

Seguidas llegaron Fly y Tanelorn (Into the Void), de sus dos álbumes más recientes, A Twist in The Myth y At The Edge Of Time; serían las últimas canciones que tocarían de su nuevo repertorio, pues de ahí en adelante los bardos deleitaron a sus seguidores haciendo un recorrido por sus 25 años de carrera.
A veces, antes de las canciones Hansi daba pistas sobre el tema que seguiría y él y los demás miembros de la banda sonreían cada vez que antes de que él terminara de hablar el público gritara emocionado el nombre de la canción; así sucedió con una más del Imaginations, Mordred’s Song. Después del tranquilo final de la canción el teatro retumbó, pues una música de circo indicaba que Majesty, del primer álbum de la banda Battalions of Fear, era la siguiente canción, con la cual todos los miembros de la banda, a pesar de ciertas fallas en el sonido, demostraron que aunque hayan pasado los años conservan intactas sus destrezas y que más bien han mejorado. Inmediatamente, del Tales From The Twilight World, llegó Traveler In Time, otro clásico poderoso y rápido que hizo vibrar al Royal Center.

Nuevamente algo de interacción con el público, Hansi comentó que la altura de Bogotá los estaba afectando un poco, lo que era especialmente notorio en él pues a veces dejaba de cantar para tomar aire; sin embargo, siempre que fue necesario el público fue un excelente reemplazo de su voz. Seguido otra invitación, esta vez a visitar el salón de los más valerosos guerreros, el grito ensordecedor del público “¡Valhalla!” no se hizo esperar. Una descarga de acordes rápidos y precisos, mezclados con poderosos golpes de batería sentaron el ánimo para que sucediera lo que ya es común cuando Guardian toca esta canción en vivo y es que una canción de 5 minutos se alarga, en el caso de Bogotá, 3 minutos más porque la banda anima al público a seguir cantando el coro. Los bardos pidieron y el público respondió de la mejor manera posible, cantando con fuerza a pesar del cansancio. Para calmar el ambiente, el escenario se bañó de una luz dorada que dio paso a Lord Of The Rings, himno que no por ser más suave que las tres canciones anteriores generó una respuesta menos efusiva del público.
Llegó el momento del primer adiós de la noche, con la promesa de que sería una despedida larga y así comenzó la odisea de 14 minutos And Then There Was Silence, un tema dinámico y melódicamente diverso. Al final de la canción se repitió el juego de Valhalla y nuevamente el público respondió con lo mejor que pudo, esta vez un poco más cansados, pues varias horas en la fila y otra más saltando y cantando en el teatro estaban empezando a pesar. Sin embargo, antes de que los miembros de la banda terminaran de salir del escenario el público ya estaba pidiendo más.

La espera no fue mucha y los alemanes volvieron con un encore que prometía saciar el hambre de su música que tenía Colombia. Iniciaron con Imaginations From The Other Side, una de las canciones que el público había estado pidiendo desde el principio del concierto. Acto seguido, uno de los momentos más esperados por todos los asistentes al concierto, Siepen y Olbrich sentados en butacas armados con guitarras acústicas y la pregunta de Hansi “will you sing The Bard’s Song with me?”. Gritos y exclamaciones siguieron, pero tan pronto sonó el primer acorde el teatro se sumió en un silencio respetuoso y expectante que sólo se rompía para articular con emoción la letra de la canción. Se notaba que The Bard’s Song – In The Forest no es solo una favorita del público, pues los miembros de la banda sonreían y asentían con aprobación al ver la respuesta del público.

Después llegó la canción hermana, The Bard’s Song – The Hobbit, un poco más rápida y pesada, que dio paso a otra de las que el público venía pidiendo a lo largo del concierto, ya para cerrar. Una nueva despedida, un nuevo agradecimiento, más disculpas por haber tardado tanto en pisar suelo colombiano, promesas de volver pronto y luego “¡Mirror Mirror on the wall!”. Tanto el público como la banda hicieron acopio de las últimas reservas de energía para que este clásico del Nighfall In Middle Earth cerrara con broche de oro la tan anticipada noche.

Ni Blind Guardian ni el público resultaron decepcionados, los primeros por la acogida de los espectadores que corearon sin descanso todas las canciones y respondieron a su llamado; los segundos porque la banda demostró por qué son unos de los pilares del power metal a nivel mundial y supo resarcir en una noche dos décadas de paciente espera. Queda esperar que las promesas se cumplan y que tengamos la oportunidad de volver recibir pronto a los bardos.
Por Juanita Navarro Páez