Entre grandes almas se codea, siempre se presenta como la única compañía, si la aceptas puedes hasta perder la cabeza. Un momento de vulnerabilidad te arrastra a ella, te abraza y convierte la oscuridad en tu principal fuente de oxígeno. Respirar tristeza, exhalar apariencia, gritar en estrofas la despedida, así se vive el rock cuando se combina con depresión.
Cuando pensamos en las palabras claves: rock más depresión, se nos vienen a la cabeza personajes como Kurt Cobain, Chester Benington o Chris Cornell. Ok, está bien. Son historias que no sólo conllevan factores en común, sino que marcaron una tendencia, un canal para hablar de paradigmas sobre la salud mental.
La depresión es tan sólo una parte del listado asociado a trastorno mental. Es una enfermedad progresiva con múltiples detonantes. No es una decisión general, es un desbalance químico en el cerebro, impulsado por rutinas, hábitos y emociones de explosividad negativa. Su tratamiento empieza por el plano sicológico, y si este no genera un efecto complaciente, se recurre a la psiquiatría donde aparece la satanizada medicación. En mi caso pasé tres años pensando en el suicidio como solución y 11 años atrás lo intenté en un nivel mayor. “Fracasé” y la “Selección Natural” no quiso darme el adiós.
En Colombia y América Latina, enfrentar la depresión es un arma de doble filo. Primero juega la voluntad, luego la herramienta y después el procedimiento. En otros continentes- como Europa- esta patología es una razón de incapacidad, que debe ser tratada con inmediatez. En nuestro sector, la depresión es un mito mal narrado, una excusa o un capricho, pero pocas veces se le inyecta la importancia que se merece. Es un padecimiento vergonzante, dónde es más válido decir que se tiene cáncer en algún órgano, a aceptar que se sufre de depresión. Lo que pocos conocen es que bajonearse y decidir en apagar el espíritu, es un cáncer que ataca el alma.
Busca y encontrarás, diría Google, una plataforma digital donde la palabra suicidio o depresión, manejan diversas categorías. Puedes encontrar desde métodos para alimentar la tristeza hasta un listado selecto de canciones que manejan estas temáticas. Tal vez en los años 60, 70 u 80 no habían tutoriales de “cómo superarla”, más bien la simple convivencia tanto con la gente como con sus propios demonios, hacían su labor “ terapéutica”.
Esta enfermedad tiene una estrecha relación con el ámbito social, político y económico. Una presión colectiva puede inferir en una conducta individual. Por ejemplo en Ibagué, los índices de suicidios son igual de altos que los índices de desempleo. Y aunque una familia disfuncional, no es nada nuevo, se puede considerar como semilla de una cadena de situaciones desastrosas.
¿Qué efecto o consecuencia puede hacer una familia disfuncional? En resúmen: Ausencia de recursos pedagógicos académicos, emocionales y de desarrollo personal. En gran parte porque subestimamos las emociones opuestas como la ira, el desánimo o la tristeza y somos criados bajo formatos de idealización excesiva, donde se debe amar hasta la muerte, morir luchando o morir amando. Es algo inquietante, porque somos humanos y por ende estamos expuestos tanto a la impulsividad como a la mísera represión. Andamos de bloque en bloque añorando la dichosa estabilidad, ser redentores más que el mismísimo Jesucristo y resulta ser una avalancha de mierda y lodo, el perderlo todo.
¿Qué se pierde? Unos dirán que dinero, otros mencionarán los recuerdos o los sentimientos pero a la final lo que más se pierde, es lo que a su vez, es la única opción para sanar: EL TIEMPO. Un conflicto puede poner en duda la percepción del yo interior, la formas del lenguaje y la propia conducta, donde creemos que la responsabilidad de estar mal es independiente, única y personal. Lo que no comprendemos es que la depresión en conjunto a otros trastornos mentales, es y debe ser responsabilidad de todos. Es un juego entre dos palabras: Voluntad e Inteligencia. Tenemos la capacidad de crear pero también tenemos la misma potencia en destruir. No enfocamos los esfuerzos en dar UN DÍA A LA VEZ, con calidad o calor humano. ¿Por qué? Porque vivimos en una sociedad de alto consumo ideológico, sensitivo y productivo. Preferimos visualizar futuros que enfrentar presentes.
Tan sólo le damos importancia a la depresión, cuando un escopetazo, un ahorcamiento o un consumo excesivo de sustancias, se lleva ese ser que admiraron unos y que deterioraron otros. A la final “ningún muerto es malo”. El sentirse mal, en los años 90 fue declarado más como tendencia social que como una urgencia vital. Kurt Cobain simbolizó esa voz de los que no la tenían. Fue visto como el personaje y no como el ser. Y al igual que el gran vocalista de Nirvana, muchas personas empezaron a verse reflejadas en ese mono, apuesto, loco, hermético y hasta excéntrico. El dolor se convertía en parte de la vanidad, las estadísticas de suicidio subían y mientras esto sucede o sucedía, se glorifica esa sensación penumbrosa hasta volverla rutina y reto. El reto de experimentar el nivel máximo de dolor como escapatoria a la realidad.
Cobain cargaba con el yugo del suicidio debido a su entorno sicótico familiar, Ian Curtis (Joy Division) o Michael Hutchence (INXS) enfrentaban su existencia en medio de una lesión cerebral, Keith Emerson (Emerson Like & Palmer) Bob Welch (Feeltwood Mac) o Graham Bond (pionero en el rhythm & blue británico) combinaban las adicciones al alcohol, las drogas y el ocultismo con su talento personal. Ídolos de la música que junto a otros, sobrellevaban flagelos, crisis amorosas, monetarias y familiares con un ingrediente nocivo y no tratado a tiempo: LOS TRASTORNOS MENTALES.
Y aunque todos empezaron con destellos de depresión, hubo otros detonantes como la bipolaridad, el trastorno límite de personalidad, la esquizofrenia, el trastorno mixto de ansiedad, los episodios maníacos y la paranoia; que bordearon cada historia. Algunos en su época fueron tratados con medicación, aislamiento y terapia sicológica, pero queda en evidencia, que los tratamientos de salud mental crecen y se optimizan año tras año. No es falla o irregularidad médica, es necesario comprender que estos desórdenes químicos, pueden terminar en una invasión orgánica y que el consumo de sustancias psicoactivas o el alcohol generan una empatía inversa, donde se estimulan violentamente las moléculas neurotransmisoras de la felicidad, del funcionamiento motor o el sentido de bienestar. Es decir se puede sentir una inmensa alegría y libertad durante unas horas, pero cuando el efecto pasa, la caída y el dolor es igual de proporcional.
La OMS declara que en menos de 10 años, la depresión será la enfermedad que superará a las enfermedades cardíacas o respiratorias. Es una condición que también se manifiesta al padecer otro tipo de enfermedades mortales o degenerativas, entre esos el cáncer o el sida. La depresión tan sólo toma la silueta de quién la conlleva, logra encajarse en cada aspecto, cada acto y cada minuto. Es el momento justo donde la muerte se disfraza de musa y hace de canciones como ‘Creep’ (Radiohead), Goodbye my love (James Blunt) o Nutshell (Alice in Chains) himnos del desasosiego, la turbulencia emocional o el desaire social.
Sobre la depresión, lo que sobran son canciones. Muchos dirán que es un bajo nivel de autoestima, que les faltó amor, mayor atención o una buena compañía. Sí, es aceptable todo esto, pero a ratos caemos en un acto egoísta y es mantener al ídolo en el hueco, ya que su desgarro hace un verdadero éxito radial, en vez de pensar en cooperar con su vacío. Muchos adoran a Metallica, crecieron con Metallica, se emborracharon con Metallica, se la fumaron con Metallica pero cuántos aplaudieron a un James Hetfield, sonriendo en tarima pero con un compilado “sonoro” dañino que hacía eco por dentro.
Para el artista o la persona que convive con el trastorno, el elogio o la euforia no son estimulantes eficaces o positivos, en muchas ocasiones, ese boom, esa fama o el extenso reconocimiento, los contradice en su “yo interior”. Sienten que el público aprecia más la imagen que proyectan, temen a modificar posturas hacia a la vida porque en gran parte, el “verse en un estereotipo” es algo llamativo o vendedor, no sienten satisfacción de quiénes son y se relacionan con su entorno con gran dificultad. Es decir, si lo decimos de una forma más popular: Se creen el cuento a medias o pintan una fachada que huele a humedad.
¿Por qué criticar a un artista que decide ser cristiano, entregarse a Buda o amar a Alá? El poder creer es una fibra que se lastima, es una herida que no cicatriza al igual que una cirugía. Cuando menciono que la depresión es responsabilidad de todos, también hago alegoría a la construcciones de buenas y sanas relaciones, alejadas del ego, la poca empatía y la intranquilidad. A fortalecer lealtad tanto para el instrumento o talento, su profesión como para su día a día, tanto con los suyos como con su familia, su pareja, sus hijos o los que dice tener de amigos. ¿Cuál es el pecado de creer?
¿Acaso Reginald ‘Fieldy’ Arvizu (KORN), Dave Lombardo (ex SLAYER) o Nicko Mc Brain (IRON MAIDEN) dejaron de ser atractivos por sus creencias? ¿Por qué exigirle tanto a un artista? ¿Vale más si se muere lentamente como Amy Winehouse? Si muchos rockeros, metaleros o músicos cambiaron su forma de entender la vida, motivados por aquellos huecos que los hacían flaquear, es un acto de valentía y de respeto. Ellos al igual que usted, que muchos de nosotros, viven, lloran, ríen, luchan y pierden. La depresión no distingue ni raza, ni condición social o económica. La depresión está ahí esperando su próximo hijo.
Más bien, lo invito a que se haga un lavado de conciencia y de corazón. Si usted es violento con su mujer, sus hijos o su familia, no venga a lucir ni defender un género musical entre chamarras o mechas largas, justificando los hechos en rebeldía, incomprensión o anarquismo conveniente. Darse látigo es un cruel acto costumbrista. Busque ayuda, dése la oportunidad de volcar para bien su historia. No es en vano cuando dicen que para atraer el equilibrio es esencial aceptar el caos. Si siente tristeza, vívala con gallardía y no se deje consumir por ella. Hable, llame a alguien, coma algo rico. El mañana no existe, viva su hoy y no tenga miedo a creer, porque como también me pasó a mi, en el deseo de morir, encontré una razón para vivir. ¿Cuál es? Sacar del clóset a la depresión.
Si estás pasando por un momento depresivo, puedes:
Recurrir al servicio o líneas telefónicas de ayuda de tu ciudad. En Bogotá es el 106.
Pedir consultoría psicológica en tu EPS. En mi caso, fue gracias a una amiga sicóloga que pude enfrentar esta enfermedad.
Si tienes medicina prepagada, puedes consultar en las clínicas de salud mental de tu ciudad, como cita prioritaria. En Bogotá, recomiendo la Clínica Montserrat. Ahí fue tratado mi caso. Mi mayor amor y agradecimiento a todo su equipo humano.
Escribir un estado en tus redes sociales, solicitando ayuda. Cero penas, tu vida es lo que vale.
Y servirle a la vida para que la vida te sirva a ti.
Por Diana Rockombia
Cuando pensamos en las palabras claves: rock más depresión, se nos vienen a la cabeza personajes como Kurt Cobain, Chester Benington o Chris Cornell. Ok, está bien. Son historias que no sólo conllevan factores en común, sino que marcaron una tendencia, un canal para hablar de paradigmas sobre la salud mental.
La depresión es tan sólo una parte del listado asociado a trastorno mental. Es una enfermedad progresiva con múltiples detonantes. No es una decisión general, es un desbalance químico en el cerebro, impulsado por rutinas, hábitos y emociones de explosividad negativa. Su tratamiento empieza por el plano sicológico, y si este no genera un efecto complaciente, se recurre a la psiquiatría donde aparece la satanizada medicación. En mi caso pasé tres años pensando en el suicidio como solución y 11 años atrás lo intenté en un nivel mayor. “Fracasé” y la “Selección Natural” no quiso darme el adiós.
En Colombia y América Latina, enfrentar la depresión es un arma de doble filo. Primero juega la voluntad, luego la herramienta y después el procedimiento. En otros continentes- como Europa- esta patología es una razón de incapacidad, que debe ser tratada con inmediatez. En nuestro sector, la depresión es un mito mal narrado, una excusa o un capricho, pero pocas veces se le inyecta la importancia que se merece. Es un padecimiento vergonzante, dónde es más válido decir que se tiene cáncer en algún órgano, a aceptar que se sufre de depresión. Lo que pocos conocen es que bajonearse y decidir en apagar el espíritu, es un cáncer que ataca el alma.
Busca y encontrarás, diría Google, una plataforma digital donde la palabra suicidio o depresión, manejan diversas categorías. Puedes encontrar desde métodos para alimentar la tristeza hasta un listado selecto de canciones que manejan estas temáticas. Tal vez en los años 60, 70 u 80 no habían tutoriales de “cómo superarla”, más bien la simple convivencia tanto con la gente como con sus propios demonios, hacían su labor “ terapéutica”.
Esta enfermedad tiene una estrecha relación con el ámbito social, político y económico. Una presión colectiva puede inferir en una conducta individual. Por ejemplo en Ibagué, los índices de suicidios son igual de altos que los índices de desempleo. Y aunque una familia disfuncional, no es nada nuevo, se puede considerar como semilla de una cadena de situaciones desastrosas.
¿Qué efecto o consecuencia puede hacer una familia disfuncional? En resúmen: Ausencia de recursos pedagógicos académicos, emocionales y de desarrollo personal. En gran parte porque subestimamos las emociones opuestas como la ira, el desánimo o la tristeza y somos criados bajo formatos de idealización excesiva, donde se debe amar hasta la muerte, morir luchando o morir amando. Es algo inquietante, porque somos humanos y por ende estamos expuestos tanto a la impulsividad como a la mísera represión. Andamos de bloque en bloque añorando la dichosa estabilidad, ser redentores más que el mismísimo Jesucristo y resulta ser una avalancha de mierda y lodo, el perderlo todo.
¿Qué se pierde? Unos dirán que dinero, otros mencionarán los recuerdos o los sentimientos pero a la final lo que más se pierde, es lo que a su vez, es la única opción para sanar: EL TIEMPO. Un conflicto puede poner en duda la percepción del yo interior, la formas del lenguaje y la propia conducta, donde creemos que la responsabilidad de estar mal es independiente, única y personal. Lo que no comprendemos es que la depresión en conjunto a otros trastornos mentales, es y debe ser responsabilidad de todos. Es un juego entre dos palabras: Voluntad e Inteligencia. Tenemos la capacidad de crear pero también tenemos la misma potencia en destruir. No enfocamos los esfuerzos en dar UN DÍA A LA VEZ, con calidad o calor humano. ¿Por qué? Porque vivimos en una sociedad de alto consumo ideológico, sensitivo y productivo. Preferimos visualizar futuros que enfrentar presentes.
Tan sólo le damos importancia a la depresión, cuando un escopetazo, un ahorcamiento o un consumo excesivo de sustancias, se lleva ese ser que admiraron unos y que deterioraron otros. A la final “ningún muerto es malo”. El sentirse mal, en los años 90 fue declarado más como tendencia social que como una urgencia vital. Kurt Cobain simbolizó esa voz de los que no la tenían. Fue visto como el personaje y no como el ser. Y al igual que el gran vocalista de Nirvana, muchas personas empezaron a verse reflejadas en ese mono, apuesto, loco, hermético y hasta excéntrico. El dolor se convertía en parte de la vanidad, las estadísticas de suicidio subían y mientras esto sucede o sucedía, se glorifica esa sensación penumbrosa hasta volverla rutina y reto. El reto de experimentar el nivel máximo de dolor como escapatoria a la realidad.
Cobain cargaba con el yugo del suicidio debido a su entorno sicótico familiar, Ian Curtis (Joy Division) o Michael Hutchence (INXS) enfrentaban su existencia en medio de una lesión cerebral, Keith Emerson (Emerson Like & Palmer) Bob Welch (Feeltwood Mac) o Graham Bond (pionero en el rhythm & blue británico) combinaban las adicciones al alcohol, las drogas y el ocultismo con su talento personal. Ídolos de la música que junto a otros, sobrellevaban flagelos, crisis amorosas, monetarias y familiares con un ingrediente nocivo y no tratado a tiempo: LOS TRASTORNOS MENTALES.
Y aunque todos empezaron con destellos de depresión, hubo otros detonantes como la bipolaridad, el trastorno límite de personalidad, la esquizofrenia, el trastorno mixto de ansiedad, los episodios maníacos y la paranoia; que bordearon cada historia. Algunos en su época fueron tratados con medicación, aislamiento y terapia sicológica, pero queda en evidencia, que los tratamientos de salud mental crecen y se optimizan año tras año. No es falla o irregularidad médica, es necesario comprender que estos desórdenes químicos, pueden terminar en una invasión orgánica y que el consumo de sustancias psicoactivas o el alcohol generan una empatía inversa, donde se estimulan violentamente las moléculas neurotransmisoras de la felicidad, del funcionamiento motor o el sentido de bienestar. Es decir se puede sentir una inmensa alegría y libertad durante unas horas, pero cuando el efecto pasa, la caída y el dolor es igual de proporcional.
La OMS declara que en menos de 10 años, la depresión será la enfermedad que superará a las enfermedades cardíacas o respiratorias. Es una condición que también se manifiesta al padecer otro tipo de enfermedades mortales o degenerativas, entre esos el cáncer o el sida. La depresión tan sólo toma la silueta de quién la conlleva, logra encajarse en cada aspecto, cada acto y cada minuto. Es el momento justo donde la muerte se disfraza de musa y hace de canciones como ‘Creep’ (Radiohead), Goodbye my love (James Blunt) o Nutshell (Alice in Chains) himnos del desasosiego, la turbulencia emocional o el desaire social.
Sobre la depresión, lo que sobran son canciones. Muchos dirán que es un bajo nivel de autoestima, que les faltó amor, mayor atención o una buena compañía. Sí, es aceptable todo esto, pero a ratos caemos en un acto egoísta y es mantener al ídolo en el hueco, ya que su desgarro hace un verdadero éxito radial, en vez de pensar en cooperar con su vacío. Muchos adoran a Metallica, crecieron con Metallica, se emborracharon con Metallica, se la fumaron con Metallica pero cuántos aplaudieron a un James Hetfield, sonriendo en tarima pero con un compilado “sonoro” dañino que hacía eco por dentro.
Para el artista o la persona que convive con el trastorno, el elogio o la euforia no son estimulantes eficaces o positivos, en muchas ocasiones, ese boom, esa fama o el extenso reconocimiento, los contradice en su “yo interior”. Sienten que el público aprecia más la imagen que proyectan, temen a modificar posturas hacia a la vida porque en gran parte, el “verse en un estereotipo” es algo llamativo o vendedor, no sienten satisfacción de quiénes son y se relacionan con su entorno con gran dificultad. Es decir, si lo decimos de una forma más popular: Se creen el cuento a medias o pintan una fachada que huele a humedad.
¿Por qué criticar a un artista que decide ser cristiano, entregarse a Buda o amar a Alá? El poder creer es una fibra que se lastima, es una herida que no cicatriza al igual que una cirugía. Cuando menciono que la depresión es responsabilidad de todos, también hago alegoría a la construcciones de buenas y sanas relaciones, alejadas del ego, la poca empatía y la intranquilidad. A fortalecer lealtad tanto para el instrumento o talento, su profesión como para su día a día, tanto con los suyos como con su familia, su pareja, sus hijos o los que dice tener de amigos. ¿Cuál es el pecado de creer?
¿Acaso Reginald ‘Fieldy’ Arvizu (KORN), Dave Lombardo (ex SLAYER) o Nicko Mc Brain (IRON MAIDEN) dejaron de ser atractivos por sus creencias? ¿Por qué exigirle tanto a un artista? ¿Vale más si se muere lentamente como Amy Winehouse? Si muchos rockeros, metaleros o músicos cambiaron su forma de entender la vida, motivados por aquellos huecos que los hacían flaquear, es un acto de valentía y de respeto. Ellos al igual que usted, que muchos de nosotros, viven, lloran, ríen, luchan y pierden. La depresión no distingue ni raza, ni condición social o económica. La depresión está ahí esperando su próximo hijo.
Más bien, lo invito a que se haga un lavado de conciencia y de corazón. Si usted es violento con su mujer, sus hijos o su familia, no venga a lucir ni defender un género musical entre chamarras o mechas largas, justificando los hechos en rebeldía, incomprensión o anarquismo conveniente. Darse látigo es un cruel acto costumbrista. Busque ayuda, dése la oportunidad de volcar para bien su historia. No es en vano cuando dicen que para atraer el equilibrio es esencial aceptar el caos. Si siente tristeza, vívala con gallardía y no se deje consumir por ella. Hable, llame a alguien, coma algo rico. El mañana no existe, viva su hoy y no tenga miedo a creer, porque como también me pasó a mi, en el deseo de morir, encontré una razón para vivir. ¿Cuál es? Sacar del clóset a la depresión.
Si estás pasando por un momento depresivo, puedes:
Recurrir al servicio o líneas telefónicas de ayuda de tu ciudad. En Bogotá es el 106.
Pedir consultoría psicológica en tu EPS. En mi caso, fue gracias a una amiga sicóloga que pude enfrentar esta enfermedad.
Si tienes medicina prepagada, puedes consultar en las clínicas de salud mental de tu ciudad, como cita prioritaria. En Bogotá, recomiendo la Clínica Montserrat. Ahí fue tratado mi caso. Mi mayor amor y agradecimiento a todo su equipo humano.
Escribir un estado en tus redes sociales, solicitando ayuda. Cero penas, tu vida es lo que vale.
Y servirle a la vida para que la vida te sirva a ti.
Por Diana Rockombia