Djent Fest Colombia es tranquilamente uno de los momentos más importantes del año en el panorama de conciertos en el país. Para tratarse de un evento alejado de tendencias dominantes es innegable que su convocatoria fue notable. Cuando hicimos la fila para entrar a Ace Of Spades a eso de las 5 pm había ya unas 30 personas. Cuando abrieron las puertas a las 7 de la noche ya esa cifra superaba los 50. A lo largo de la noche cuando los pesos pesados salieron a escena, ya el lugar doblaba esa cantidad.
Y es que semejante expectativa no era para menos. Tener la oportunidad de ver a dos de los grupos fundacionales del djent como son Periphery y Monuments en plena vigencia (los primeros llegaban con un álbum recién publicado) es algo que merece tomarse en cuenta a la hora de preguntarse qué tan conectado puede estar el público del rock colombiano con lo que ocurre más allá de sus fronteras. Lo de esa noche en Djent Fest podría sugerir que tal vez ese público pide a gritos algo más que viejas glorias arrastrándose por un escenario solo por lo que fueron y no por lo que son, pero aun es una tendencia que no termina de concretarse. Que una primera edición plantee esa clase de cuestiones es algo que debe hacer sentir orgullosos a todos los involucrados.
El cartel era completado por una banda nacional, Syracusae, una ecuatoriana, Minipony, y dos mexicanas, Obesity y Parazit. Unos más representativos que otros del djent propiamente dicho, pero sin duda dispuestos a demostrar que su complejidad y virtuosismo estaban a la altura de su intensidad.

La velada inicio rápidamente con Obesity. Siendo un grupo instrumental fueron capaces de manifestar en media hora de presentación un buen manejo de sus instrumentos y pasajes vibrantes que fueron animando la noche desde el primer momento. Es cierto que aún les falta camino y parece claro que en algún punto harán más amplio su espectro musical, pero por lo que demostraron en Djent Fest está claro que es un grupo que puede gustar mucho a quienes les interesa esa clase de actos en la línea de grupos como Primus o Devin Townsend.
Más tarde le llega el turno a la banda nacional Syracusae. Instrumentalmente funcionaron de maravilla y gestaron los primeros pogos de la noche. Su baterista en particular demostró un desempeño notable logrando que su sonido de profundas raíces en el metalcore y el djent incursionara por momentos en terrenos del death metal. El único pero tal vez fuese que la voz del cantante no logró imponerse en el directo y a menudo se perdía.

Mientras acomodaban todo en escena para el siguiente grupo sonaba música de Dream Theater por los parlantes, situación que se repetiría casi toda la noche. Entonces le llegó el turno a Minipony, agrupación ecuatoriana que se convirtió en la gran sorpresa de la noche gracias a una puesta en escena que por mucho fue la más cuidada que pudimos ver en toda la velada, ganándose al público desde un primer momento. Proyecciones en blanco y negro de insectos que simbolizaban la vida y la muerte se conectan con una ejecución que bien podría considerarse cercana al “nu djent”, modalidad que combina los ganchos del nu metal con la complejidad en la ejecución del djent. El trio aprovecha al máximo los beats programados para lograr un efecto violento al mezclarlos con los golpes súper desquiciados de su baterista. Su guitarrista no destacó tanto por virtuosismo como por la fuerza de su ejecución, mientras la cantante se valía de un micrófono propio que en ocasiones procesaba su voz para proyectar una fiereza como salida de un cuento de terror.

Más tarde le llegó el turno a otro trio, en este caso a los mexicanos Parazit. Fue una lástima que su presentación no duró mucho y parece que el tiempo apremiaba un poco para hacer el montaje de las dos bandas principales, pero incluso así se las ingeniaron para demostrar su experiencia acumulada de prácticamente una década. Al igual que Obesity son un grupo instrumental, pero ya con un bagaje mayor dado por cuatro álbumes de estudio publicados hasta la fecha. Destacable la fuerza de su bajista Kello González, su coordinación en cambios de ritmo a menudo improbables con el baterista Christian Gómez, así como la versatilidad de su guitarrista José Macario. Al despedirse del público, González prometió volver pronto a Colombia, por lo cual no parece improbable verlos.
Mientras se hacía el montaje de Monuments y la banda coordinaba con los técnicos de sonido para poner todo a punto, el cantante Chris Barretto interactuó un poco con el público y como si de un Freddie Mercury se tratase, manejaba los gritos de todos nosotros con sus manos, subiendo y bajando la intensidad a su antojo. Fue cosa de pocos minutos, pero sirvió para ir poniendo ambiente en Ace Of Spades.
En vivo, Monuments es pura y física devastación. En términos de ponernos a todos en estado de catarsis, ponernos a corear como desaforados y a realizar un mosh continuo durante la hora que duró su presentación, estuvieron por encima del resto. La coordinación de John Browne y Olly Steele en las guitarras fue atronadora y un continuo detonante de emociones, como si bombearan gasolina a ese fuego encendido que es Chris Barretto como frontman. Siempre preocupado por interactuar con el público, surfeó encima de este y hasta hizo que un chico que se subió a la tarima cantara a dúo con él por un rato. El setlist fue equilibrado, dando igual importancia a lo largo de sus once canciones al disco que vienen promocionado (Phronesis, de 2018) y su material previo.

Al terminar Monuments y mientras se hacía el montaje de la última banda de la noche, extrañamente comenzó a sonar música distinta a la de Dream Theater que fue recurrente hasta ese punto de la noche. Primero sonó Queen, y luego de forma algo sorpresiva una de electrónica: "Nightcall" de Kavinsky. Fue un poco como sentirse en tierra de nadie por unos minutos ese eclecticismo, pero ciertamente si fue un anticipo de lo que estaba por venir. Mientras ajustaban los equipos, el que decidió tomarse su tiempo para charlar con los que estaban en primera fila fue el guitarrista y líder de Periphery, Misha Mansoor. A eso de las 11:30 PM finalmente los norteamericanos suben a escena.
Si algo pudieron anticipar esos preliminares con una selección musical más variada de lo que venía siendo recurrente hasta ese momento es algo que jamás podría haber anticipado sin verlos primero: con Periphery las denominaciones no tienen sentido. Van más allá del djent o del mismo heavy metal. Esa noche fueron más allá del mismo escenario al punto que se les quedó pequeño. Como que su propia grandeza pedía algo con más espacio y eso afectó a ratos el sonido de la batería de Matt Halpern, especialmente cuando llegó la hora de “Marigold”, pero ni eso opacó un show donde su cantante, Spencer Sotelo, dio cátedra de versatilidad fuese cantando de forma convencional o tirando screams como un campeón. Por su parte, la triada de guitarras Mansoor-Bowen-Sotelo dejó constancia de sus habilidades al aprovechar virtuosismo e intensidad como uno solo en todos y cada uno de los temas que interpretaron esa noche.
Como momentos destacados podríamos mencionar su interpretación de “Garden In The Bones”, perteneciente a su recientemente publicado álbum “Periphery IV: Hail Stan”, su colaboración en vivo en “Icarus Lives!” con Chris Barreto de Monuments (quien cantó con Periphery en sus inicios) para interpretarla a dúo con Sotelo y se viviera un duelo de screams que aún sobrecoge de solo recordarlo, y un final a la altura de lo que se exige en una banda como Periphery con “Lune”.
Fue en definitiva una primera edición que correspondió a las expectativas que nos veníamos haciendo desde hace meses cuando se hizo el anuncio. Una noche de virtuosismo, intensidad y energía que en teoría debería tener continuidad en el futuro.
Reseña por Daniel Ospina - Fotos por César Cifuentes
Y es que semejante expectativa no era para menos. Tener la oportunidad de ver a dos de los grupos fundacionales del djent como son Periphery y Monuments en plena vigencia (los primeros llegaban con un álbum recién publicado) es algo que merece tomarse en cuenta a la hora de preguntarse qué tan conectado puede estar el público del rock colombiano con lo que ocurre más allá de sus fronteras. Lo de esa noche en Djent Fest podría sugerir que tal vez ese público pide a gritos algo más que viejas glorias arrastrándose por un escenario solo por lo que fueron y no por lo que son, pero aun es una tendencia que no termina de concretarse. Que una primera edición plantee esa clase de cuestiones es algo que debe hacer sentir orgullosos a todos los involucrados.
El cartel era completado por una banda nacional, Syracusae, una ecuatoriana, Minipony, y dos mexicanas, Obesity y Parazit. Unos más representativos que otros del djent propiamente dicho, pero sin duda dispuestos a demostrar que su complejidad y virtuosismo estaban a la altura de su intensidad.

La velada inicio rápidamente con Obesity. Siendo un grupo instrumental fueron capaces de manifestar en media hora de presentación un buen manejo de sus instrumentos y pasajes vibrantes que fueron animando la noche desde el primer momento. Es cierto que aún les falta camino y parece claro que en algún punto harán más amplio su espectro musical, pero por lo que demostraron en Djent Fest está claro que es un grupo que puede gustar mucho a quienes les interesa esa clase de actos en la línea de grupos como Primus o Devin Townsend.
Más tarde le llega el turno a la banda nacional Syracusae. Instrumentalmente funcionaron de maravilla y gestaron los primeros pogos de la noche. Su baterista en particular demostró un desempeño notable logrando que su sonido de profundas raíces en el metalcore y el djent incursionara por momentos en terrenos del death metal. El único pero tal vez fuese que la voz del cantante no logró imponerse en el directo y a menudo se perdía.

Mientras acomodaban todo en escena para el siguiente grupo sonaba música de Dream Theater por los parlantes, situación que se repetiría casi toda la noche. Entonces le llegó el turno a Minipony, agrupación ecuatoriana que se convirtió en la gran sorpresa de la noche gracias a una puesta en escena que por mucho fue la más cuidada que pudimos ver en toda la velada, ganándose al público desde un primer momento. Proyecciones en blanco y negro de insectos que simbolizaban la vida y la muerte se conectan con una ejecución que bien podría considerarse cercana al “nu djent”, modalidad que combina los ganchos del nu metal con la complejidad en la ejecución del djent. El trio aprovecha al máximo los beats programados para lograr un efecto violento al mezclarlos con los golpes súper desquiciados de su baterista. Su guitarrista no destacó tanto por virtuosismo como por la fuerza de su ejecución, mientras la cantante se valía de un micrófono propio que en ocasiones procesaba su voz para proyectar una fiereza como salida de un cuento de terror.

Más tarde le llegó el turno a otro trio, en este caso a los mexicanos Parazit. Fue una lástima que su presentación no duró mucho y parece que el tiempo apremiaba un poco para hacer el montaje de las dos bandas principales, pero incluso así se las ingeniaron para demostrar su experiencia acumulada de prácticamente una década. Al igual que Obesity son un grupo instrumental, pero ya con un bagaje mayor dado por cuatro álbumes de estudio publicados hasta la fecha. Destacable la fuerza de su bajista Kello González, su coordinación en cambios de ritmo a menudo improbables con el baterista Christian Gómez, así como la versatilidad de su guitarrista José Macario. Al despedirse del público, González prometió volver pronto a Colombia, por lo cual no parece improbable verlos.
Mientras se hacía el montaje de Monuments y la banda coordinaba con los técnicos de sonido para poner todo a punto, el cantante Chris Barretto interactuó un poco con el público y como si de un Freddie Mercury se tratase, manejaba los gritos de todos nosotros con sus manos, subiendo y bajando la intensidad a su antojo. Fue cosa de pocos minutos, pero sirvió para ir poniendo ambiente en Ace Of Spades.
En vivo, Monuments es pura y física devastación. En términos de ponernos a todos en estado de catarsis, ponernos a corear como desaforados y a realizar un mosh continuo durante la hora que duró su presentación, estuvieron por encima del resto. La coordinación de John Browne y Olly Steele en las guitarras fue atronadora y un continuo detonante de emociones, como si bombearan gasolina a ese fuego encendido que es Chris Barretto como frontman. Siempre preocupado por interactuar con el público, surfeó encima de este y hasta hizo que un chico que se subió a la tarima cantara a dúo con él por un rato. El setlist fue equilibrado, dando igual importancia a lo largo de sus once canciones al disco que vienen promocionado (Phronesis, de 2018) y su material previo.

Al terminar Monuments y mientras se hacía el montaje de la última banda de la noche, extrañamente comenzó a sonar música distinta a la de Dream Theater que fue recurrente hasta ese punto de la noche. Primero sonó Queen, y luego de forma algo sorpresiva una de electrónica: "Nightcall" de Kavinsky. Fue un poco como sentirse en tierra de nadie por unos minutos ese eclecticismo, pero ciertamente si fue un anticipo de lo que estaba por venir. Mientras ajustaban los equipos, el que decidió tomarse su tiempo para charlar con los que estaban en primera fila fue el guitarrista y líder de Periphery, Misha Mansoor. A eso de las 11:30 PM finalmente los norteamericanos suben a escena.
Si algo pudieron anticipar esos preliminares con una selección musical más variada de lo que venía siendo recurrente hasta ese momento es algo que jamás podría haber anticipado sin verlos primero: con Periphery las denominaciones no tienen sentido. Van más allá del djent o del mismo heavy metal. Esa noche fueron más allá del mismo escenario al punto que se les quedó pequeño. Como que su propia grandeza pedía algo con más espacio y eso afectó a ratos el sonido de la batería de Matt Halpern, especialmente cuando llegó la hora de “Marigold”, pero ni eso opacó un show donde su cantante, Spencer Sotelo, dio cátedra de versatilidad fuese cantando de forma convencional o tirando screams como un campeón. Por su parte, la triada de guitarras Mansoor-Bowen-Sotelo dejó constancia de sus habilidades al aprovechar virtuosismo e intensidad como uno solo en todos y cada uno de los temas que interpretaron esa noche.
Como momentos destacados podríamos mencionar su interpretación de “Garden In The Bones”, perteneciente a su recientemente publicado álbum “Periphery IV: Hail Stan”, su colaboración en vivo en “Icarus Lives!” con Chris Barreto de Monuments (quien cantó con Periphery en sus inicios) para interpretarla a dúo con Sotelo y se viviera un duelo de screams que aún sobrecoge de solo recordarlo, y un final a la altura de lo que se exige en una banda como Periphery con “Lune”.
Fue en definitiva una primera edición que correspondió a las expectativas que nos veníamos haciendo desde hace meses cuando se hizo el anuncio. Una noche de virtuosismo, intensidad y energía que en teoría debería tener continuidad en el futuro.
Reseña por Daniel Ospina - Fotos por César Cifuentes