BIOHAZARD
SIN SALIDA
EL SAGRADO
Bogotá, Teatro Metropol
Martes 23 de junio del 2009
LEYENDAS URBANAS
A mediados de la década pasada los norteamericanos Biohazard parecían tenerlo todo de su parte para comerse al mundo entero: una casa discográfica multinacional a sus espaldas, giras internacionales junto a reconocidas bandas de metal y hardcore, las revistas más influyentes no dudaban en ponerlos en sus portadas y por encima de todo aquello, pese a los embates del rock alternativo, gozaban del respaldo de una legión de fans innumerable que hallaban en el cuarteto de Brooklyn a unos gladiadores del sonido pesado y las letras viscerales. Lastimosamente tras la edición del grandioso álbum “State Of The World Address”, el guitarrista Bobby Hambel se separó del conjunto como consecuencia de su abuso a ciertas sustancias; pronto el grupo fue decayendo en popularidad, las ventas ya no eran prosperas y por ende la vuelta a los shows en pequeños clubes tal y como en sus arduos inicios.
La engañosa industria musical no da pie a la justicia, se hace necesario mencionar como el gran declive de la “amenaza biológica” no correspondió a pasos en falso en sus entregas discográficas tras la segunda mitad de los años noventa sino a situaciones coyunturales adversas: la explosión del rap-metal en los Estados Unidos con actos de poca valía artística y prontas retribuciones económicas (Limp Bizkit, Papa Roach, Linkin Park) opacaron el proceder de la institución hardcoriana y los confinaron a la segunda división del nu metal. La crisis de las disqueras a inicios del milenio los obligó a dar tumbos de un sello a otro sin obtener el soporte necesario a sus lanzamientos. Por demás la mala suerte se manifestó cuando la banda editó el álbum “Uncivilization” el infausto 11 de septiembre del 2001 perdiendo el interés general por la obra. Como si no bastase, el trago más amargo acaecería algunos años después cuando al terminar de registrar la producción “Means To An End”, el master se extravió y debieron reiniciar la grabaciones desde cero.
Por lo tanto, tras atravesar este camino de espinas, la noticia de la defunción de Biohazard en 2005 no tomó por sorpresa a nadie. Era evidente que tantos años de lucha los convirtieron en un nombre de culto en el circuito pero no alcanzaban para gozar de las mieles del éxito que disfrutaban ahora las metálicas propuestas de Hatebreed, Terror o Walls Of Jericho. Los músicos Billy Graziadei y Danny Schuler optaron por iniciar nuevos proyectos mientras que el bajista y cantante Evan Seinfeld inició una carrera en la industria del cine para adultos sumado a un debut para un reality de televisión. No obstante, la llama ardiente por continuar batallando contra la corriente, la hermandad aun existente entre los miembros y el anhelo de continuidad por parte de muchos incondicionales admiradores hicieron revivir a este perro callejero el año pasado con un tour que ante la sorpresa de muchos festejaba sus veinte años de fundación. Las gratas buenas nuevas no paraban allí, su retorno a las pistas contaba con la presencia del hijo prodigo Bobby Hambel y un paso por Suramérica que no excluía a estas tierras.
Con gran entusiasmo por asistir a la cita con la icónica formación de la banda que empujo al hardcore a compartir con el metal llegué al céntrico Teatro Metropol, epicentro desde su remodelación de algunos de los mejores conciertos en lo que va corrido del 2009. En las afueras del recinto estaban presentes caras conocidas de este tipo de eventos y algunos veteranos de la movida hardcore en la ciudad. Desafortunadamente la corta experiencia de la empresa promotora del concierto se evidenció en la poca promoción del mismo y en la desorganización para el ingreso de la prensa y los invitados. Encontré muchas personas con acreditaciones “staff” saludando a diestra y siniestra en la entrada del recinto pero ninguna sabía del tema de acceso a medios, hora de inicio del espectáculo o venta de las boletas. Para colmo, el individuo encargado de recibir a las personas por esta puerta era el impotable coordinador de seguridad y logística de GSP eventos. Personaje celebre por su calvicie y por maltratar al público, prensa y hasta músicos con su altanería, desinformación y requisas bruscas.
Alrededor de las 8 y 30 de la noche el empresario encargado de gestionar la visita del combo neoyorquino al país apareció en el lugar y contrario al descortés sujeto mencionado anteriormente, nos abrió las puertas con mucha amabilidad, colaborando para que nuestro equipo llevara su labor acabo. Tan solo un par de minutos más tarde se sintió el rugir de la guitarra de Alejandro Corredor presintiendo que Sin Salida abordaban la tarima. Ante la duda de donde se hallaba la voz que ya escupía mala leche por el micrófono, vi caminando entre los asistentes a Felipe Mazabel desprovisto de su camiseta. Acto seguido subió a la tarima para continuar desde allí arremetiendo con su hardcore de dientes afilados. A su vez, sensacional fue apreciar en la batería a Alfonso Pinzón, el también integrante de Agony, quien aporreó los tambores con mucha potencia. Sin Salida se encargaron de calentar el ambiente como tal vez muy pocos grupos nacionales lo hubieran podido lograr. Mazabel arrojó con fuerza una botella de agua a la audiencia, sin embargo el agredido en lugar de estar molesto se encontró con la fortuna que había ganado una bella guitarra eléctrica cortesía de los bogotanos en escena. Actualmente existen miles de formaciones de hardcore con integrantes que no superan los veinte años de edad, prestando más atención al atuendo y a saltar por los aires que a su música. Sin Salida demostraron en 30 minutos que la experiencia es algo que no se improvisa.
La entrada de público estuvo muy por debajo de las expectativas. A ojo unas 600 personas que no hicieron justicia a la trayectoria e influencia de los protagonistas de la noche. No obstante, la energía irrigada en el local por estos asistentes quedará en la memoria como la de un concierto vibrante, dotado de un entusiasmo colosal a todo momento. Dos pantallas gigantes de video ubicadas a cada extremo de la tarima no permitirían perderse detalle de la acción que estaba por suceder. Hacia las nueve de la noche la intro de “Failed Territory” advirtió la ansiada llegada, ligándola a “Urban Discipline”, todo un puñetazo del cual aun me estoy recuperando.
En la vida nada esta escrito, tras más de diez años perdido en alguna parte, ahí figuraba de nuevo Bobby Hambel dando vueltas como un huracán en “Shades Of Grey” junto al resto de guerreros de las violentas calles del suroeste de New York. Al tener el placer de contar en esta primera actuación en Colombia con el line up clásico, la presentación estuvo orientada a revisar los primeros tres álbumes de Biohazard. Bombas incendiarias del calibre de “What Makes Us Tick” y “Black And White And Red All Over” literalmente levantaron el polvo del piso y llenaron nuestro corazón de nostalgia.
El pornstar Evan Seinfeld solicitó a los presentes que abrieran un gran espacio y se preparan para girar en un gran circulo. La instrucción estaba impartida, no obstante para estar seguro, el músico pidió una traducción al vocalista de Sin Salida, quien pasó el mensaje de una manera no tan correcta pero a la postre bien entendida por todas las almas que se agitaron en aquella licuadora del infierno al son de “Wrong Side Of The Tracks”. Cada pausa entre canciones venia acompañada de calidas palabras por parte de los músicos y de chance para los espectadores de tomar nuevos alientos. “Victory” fue un martillazo seguido por otra esperada “Survival Of The Fittest”. Los años pasan pero para estos tipos aquello resulta una bendición, el manejo que hacen del público es admirable, logran extraer hasta la ultima pizca de energía.
Danny Schuler posee un golpe particular de batería que me atrevería de inmediato a reconocer entre miles. La dupla vocal –otra de las virtudes de los estadounidenses- estuvo a punto: el guitarrista Graziadei con su voz rasgada emite esos gritos que se conjugan a la perfección con los fraseos hip hoperos de Evan Seinfeld. Los exquisitos solos de guitarra volvieron a florecer en la banda con la vuelta de Hambel, el músico que resalta por su pinta de metalero vieja guardia dentro de tanto “look hardcore”, siempre agregando un estilo que claramente se echaba de menos. Para continuar deshidratándonos contamos con “Scarred For Life”, su profecía acerca de los sellos discográficos titulada “Business” y su himno a la amistad verdadera escrito en las líneas de “Down For Life”.
Momento para homenajear a otros titanes de la gran manzana, Agnostic Front con una aplastante versión de “Victim In Pain”. Como si esta reverencia a la costa este norteamericana no bastase, el cuarteto se dirigió a la oeste dejando caer ahora un cover de “We´Re Only Gonna Die” propiedad de los californianos Bad Religion. Prosiguió la rompe huesos “Love Denied” y “Tales From The Hardside”, una de las composiciones más honestas sobre la vida en la jungla de asfalto. Evan dirigió algunas sentidas palabras a la memoria del guitarrista Bobby Hambel como antesala a “Five Blocks To The Subway”. La fiesta llegaría a su clímax cuando las chicas de un colectivo denominado Ink Femme adornaron la tarima mientras ahora Graziadei empuñaba el bajo y Evan unicamente el micrófono para rapear en la clandestina “I Ain't Goin' Out Like That” original de los humeantes Cypress Hill.
Tesón y entereza es lo que brindan Biohazard dos décadas después de su ardua conformación; puntal de un estilo musical tosco pero honesto como pocos, sonido urbano contracultural de la abrupta realidad que se vive día a día en las sucias calles ya sea de New York o Bogotá. El remate de tan compacto show lo conformó la tripleta de “How It Is”, “Punishment” y “Hold My Own”, el que quisiera más sencillamente se encontraba hiperventilado. Me dio gusto ver tantas sonrisas pese al gran esfuerzo físico expuesto en la platea. No era para menos, uno de los conciertos soñado por muchos durante varios años finalmente se había convertido en una realidad.
Solo una duda me asaltó ¿dónde estaban a esa misma hora la infinidad de chiquillos que no dudan en manifestar que viven y mueren por el hardcore a través del MySpace y Facebook? Aquella noche el grueso del público estaba conformado por treintañeros. Es una pena que la “nueva camada” hable de unos preceptos y eluda a la autentica vieja escuela. Los que realmente amamos esto estuvimos allí, sin importar las tendencias y las nuevas estéticas que nos ofrezca el mercado disfrazado de “underground”, reconocemos este invaluable legado. Fueron 90 soberbios minutos de sonido implacable y visiones acerca de pandilleros, disparos y sirenas policiales. Tan solo queda desear que un nuevo álbum de estudio emerja, con esta reunión destruyéndolo todo a su paso es incuestionable que hay Biohazard para rato.
Alejandro Bonilla Carvajal
Fotos: Angélica Vargas
SIN SALIDA
EL SAGRADO
Bogotá, Teatro Metropol
Martes 23 de junio del 2009
LEYENDAS URBANAS
A mediados de la década pasada los norteamericanos Biohazard parecían tenerlo todo de su parte para comerse al mundo entero: una casa discográfica multinacional a sus espaldas, giras internacionales junto a reconocidas bandas de metal y hardcore, las revistas más influyentes no dudaban en ponerlos en sus portadas y por encima de todo aquello, pese a los embates del rock alternativo, gozaban del respaldo de una legión de fans innumerable que hallaban en el cuarteto de Brooklyn a unos gladiadores del sonido pesado y las letras viscerales. Lastimosamente tras la edición del grandioso álbum “State Of The World Address”, el guitarrista Bobby Hambel se separó del conjunto como consecuencia de su abuso a ciertas sustancias; pronto el grupo fue decayendo en popularidad, las ventas ya no eran prosperas y por ende la vuelta a los shows en pequeños clubes tal y como en sus arduos inicios.

La engañosa industria musical no da pie a la justicia, se hace necesario mencionar como el gran declive de la “amenaza biológica” no correspondió a pasos en falso en sus entregas discográficas tras la segunda mitad de los años noventa sino a situaciones coyunturales adversas: la explosión del rap-metal en los Estados Unidos con actos de poca valía artística y prontas retribuciones económicas (Limp Bizkit, Papa Roach, Linkin Park) opacaron el proceder de la institución hardcoriana y los confinaron a la segunda división del nu metal. La crisis de las disqueras a inicios del milenio los obligó a dar tumbos de un sello a otro sin obtener el soporte necesario a sus lanzamientos. Por demás la mala suerte se manifestó cuando la banda editó el álbum “Uncivilization” el infausto 11 de septiembre del 2001 perdiendo el interés general por la obra. Como si no bastase, el trago más amargo acaecería algunos años después cuando al terminar de registrar la producción “Means To An End”, el master se extravió y debieron reiniciar la grabaciones desde cero.
Por lo tanto, tras atravesar este camino de espinas, la noticia de la defunción de Biohazard en 2005 no tomó por sorpresa a nadie. Era evidente que tantos años de lucha los convirtieron en un nombre de culto en el circuito pero no alcanzaban para gozar de las mieles del éxito que disfrutaban ahora las metálicas propuestas de Hatebreed, Terror o Walls Of Jericho. Los músicos Billy Graziadei y Danny Schuler optaron por iniciar nuevos proyectos mientras que el bajista y cantante Evan Seinfeld inició una carrera en la industria del cine para adultos sumado a un debut para un reality de televisión. No obstante, la llama ardiente por continuar batallando contra la corriente, la hermandad aun existente entre los miembros y el anhelo de continuidad por parte de muchos incondicionales admiradores hicieron revivir a este perro callejero el año pasado con un tour que ante la sorpresa de muchos festejaba sus veinte años de fundación. Las gratas buenas nuevas no paraban allí, su retorno a las pistas contaba con la presencia del hijo prodigo Bobby Hambel y un paso por Suramérica que no excluía a estas tierras.

Con gran entusiasmo por asistir a la cita con la icónica formación de la banda que empujo al hardcore a compartir con el metal llegué al céntrico Teatro Metropol, epicentro desde su remodelación de algunos de los mejores conciertos en lo que va corrido del 2009. En las afueras del recinto estaban presentes caras conocidas de este tipo de eventos y algunos veteranos de la movida hardcore en la ciudad. Desafortunadamente la corta experiencia de la empresa promotora del concierto se evidenció en la poca promoción del mismo y en la desorganización para el ingreso de la prensa y los invitados. Encontré muchas personas con acreditaciones “staff” saludando a diestra y siniestra en la entrada del recinto pero ninguna sabía del tema de acceso a medios, hora de inicio del espectáculo o venta de las boletas. Para colmo, el individuo encargado de recibir a las personas por esta puerta era el impotable coordinador de seguridad y logística de GSP eventos. Personaje celebre por su calvicie y por maltratar al público, prensa y hasta músicos con su altanería, desinformación y requisas bruscas.
Alrededor de las 8 y 30 de la noche el empresario encargado de gestionar la visita del combo neoyorquino al país apareció en el lugar y contrario al descortés sujeto mencionado anteriormente, nos abrió las puertas con mucha amabilidad, colaborando para que nuestro equipo llevara su labor acabo. Tan solo un par de minutos más tarde se sintió el rugir de la guitarra de Alejandro Corredor presintiendo que Sin Salida abordaban la tarima. Ante la duda de donde se hallaba la voz que ya escupía mala leche por el micrófono, vi caminando entre los asistentes a Felipe Mazabel desprovisto de su camiseta. Acto seguido subió a la tarima para continuar desde allí arremetiendo con su hardcore de dientes afilados. A su vez, sensacional fue apreciar en la batería a Alfonso Pinzón, el también integrante de Agony, quien aporreó los tambores con mucha potencia. Sin Salida se encargaron de calentar el ambiente como tal vez muy pocos grupos nacionales lo hubieran podido lograr. Mazabel arrojó con fuerza una botella de agua a la audiencia, sin embargo el agredido en lugar de estar molesto se encontró con la fortuna que había ganado una bella guitarra eléctrica cortesía de los bogotanos en escena. Actualmente existen miles de formaciones de hardcore con integrantes que no superan los veinte años de edad, prestando más atención al atuendo y a saltar por los aires que a su música. Sin Salida demostraron en 30 minutos que la experiencia es algo que no se improvisa.
La entrada de público estuvo muy por debajo de las expectativas. A ojo unas 600 personas que no hicieron justicia a la trayectoria e influencia de los protagonistas de la noche. No obstante, la energía irrigada en el local por estos asistentes quedará en la memoria como la de un concierto vibrante, dotado de un entusiasmo colosal a todo momento. Dos pantallas gigantes de video ubicadas a cada extremo de la tarima no permitirían perderse detalle de la acción que estaba por suceder. Hacia las nueve de la noche la intro de “Failed Territory” advirtió la ansiada llegada, ligándola a “Urban Discipline”, todo un puñetazo del cual aun me estoy recuperando.
En la vida nada esta escrito, tras más de diez años perdido en alguna parte, ahí figuraba de nuevo Bobby Hambel dando vueltas como un huracán en “Shades Of Grey” junto al resto de guerreros de las violentas calles del suroeste de New York. Al tener el placer de contar en esta primera actuación en Colombia con el line up clásico, la presentación estuvo orientada a revisar los primeros tres álbumes de Biohazard. Bombas incendiarias del calibre de “What Makes Us Tick” y “Black And White And Red All Over” literalmente levantaron el polvo del piso y llenaron nuestro corazón de nostalgia.
El pornstar Evan Seinfeld solicitó a los presentes que abrieran un gran espacio y se preparan para girar en un gran circulo. La instrucción estaba impartida, no obstante para estar seguro, el músico pidió una traducción al vocalista de Sin Salida, quien pasó el mensaje de una manera no tan correcta pero a la postre bien entendida por todas las almas que se agitaron en aquella licuadora del infierno al son de “Wrong Side Of The Tracks”. Cada pausa entre canciones venia acompañada de calidas palabras por parte de los músicos y de chance para los espectadores de tomar nuevos alientos. “Victory” fue un martillazo seguido por otra esperada “Survival Of The Fittest”. Los años pasan pero para estos tipos aquello resulta una bendición, el manejo que hacen del público es admirable, logran extraer hasta la ultima pizca de energía.

Danny Schuler posee un golpe particular de batería que me atrevería de inmediato a reconocer entre miles. La dupla vocal –otra de las virtudes de los estadounidenses- estuvo a punto: el guitarrista Graziadei con su voz rasgada emite esos gritos que se conjugan a la perfección con los fraseos hip hoperos de Evan Seinfeld. Los exquisitos solos de guitarra volvieron a florecer en la banda con la vuelta de Hambel, el músico que resalta por su pinta de metalero vieja guardia dentro de tanto “look hardcore”, siempre agregando un estilo que claramente se echaba de menos. Para continuar deshidratándonos contamos con “Scarred For Life”, su profecía acerca de los sellos discográficos titulada “Business” y su himno a la amistad verdadera escrito en las líneas de “Down For Life”.
Momento para homenajear a otros titanes de la gran manzana, Agnostic Front con una aplastante versión de “Victim In Pain”. Como si esta reverencia a la costa este norteamericana no bastase, el cuarteto se dirigió a la oeste dejando caer ahora un cover de “We´Re Only Gonna Die” propiedad de los californianos Bad Religion. Prosiguió la rompe huesos “Love Denied” y “Tales From The Hardside”, una de las composiciones más honestas sobre la vida en la jungla de asfalto. Evan dirigió algunas sentidas palabras a la memoria del guitarrista Bobby Hambel como antesala a “Five Blocks To The Subway”. La fiesta llegaría a su clímax cuando las chicas de un colectivo denominado Ink Femme adornaron la tarima mientras ahora Graziadei empuñaba el bajo y Evan unicamente el micrófono para rapear en la clandestina “I Ain't Goin' Out Like That” original de los humeantes Cypress Hill.
Tesón y entereza es lo que brindan Biohazard dos décadas después de su ardua conformación; puntal de un estilo musical tosco pero honesto como pocos, sonido urbano contracultural de la abrupta realidad que se vive día a día en las sucias calles ya sea de New York o Bogotá. El remate de tan compacto show lo conformó la tripleta de “How It Is”, “Punishment” y “Hold My Own”, el que quisiera más sencillamente se encontraba hiperventilado. Me dio gusto ver tantas sonrisas pese al gran esfuerzo físico expuesto en la platea. No era para menos, uno de los conciertos soñado por muchos durante varios años finalmente se había convertido en una realidad.
Solo una duda me asaltó ¿dónde estaban a esa misma hora la infinidad de chiquillos que no dudan en manifestar que viven y mueren por el hardcore a través del MySpace y Facebook? Aquella noche el grueso del público estaba conformado por treintañeros. Es una pena que la “nueva camada” hable de unos preceptos y eluda a la autentica vieja escuela. Los que realmente amamos esto estuvimos allí, sin importar las tendencias y las nuevas estéticas que nos ofrezca el mercado disfrazado de “underground”, reconocemos este invaluable legado. Fueron 90 soberbios minutos de sonido implacable y visiones acerca de pandilleros, disparos y sirenas policiales. Tan solo queda desear que un nuevo álbum de estudio emerja, con esta reunión destruyéndolo todo a su paso es incuestionable que hay Biohazard para rato.
Alejandro Bonilla Carvajal
Fotos: Angélica Vargas