Reseña de Diablo Swing Orchestra en Bogotá

Diablo Swing Orchestra
Bogotá, Ozzy Café Bar Rock
Jueves 17 de mayo de 2012

Una banda de jazz, swing, ópera, tango, rock, metal y demás sonidos varios. Un concierto anunciado y cancelado. Un público enojado con unos promotores que durante un tiempo desaparecieron, una banda afanada por responder a las inquietudes de sus fanáticos. Aunque en su momento fue angustiante, ahora que el concierto pasó podríamos decir que la visita de Diablo Swing Orchestra a Colombia fue toda una experiencia. Finalmente sí hubo concierto y no sólo en Bogotá, la banda sueca visitó también Medellín.


La fila frente a Ozzy Bar se fue nutriendo poco a poco y cuando empezamos a entrar más de uno agradecimos la fe de los organizadores en los asistentes al prescindir de barreras de contención, primero porque la distancia entre el público y la banda era mínima y porque había más espacio en el recinto. Es de destacar el buen comportamiento de los asistentes, en algún punto del concierto dos personas llamaron la atención del cellista Johannes Bergion quien sin mayor reparo les extendió la mano para que le pusieran una manilla, una vez concluida la tarea se intercambiaron los agradecimientos sin mayor abuso de la confianza del músico; sólo hubo un arriesgado que al finalizar el concierto subió corriendo a la tarima y durante un instante alcanzó la gloria y abrazó a la vocalista Annlouice Loegdlund, quien no supo qué hacer además de sonreír, hasta que de la nada, y de manera bastante graciosa, saltó uno de los miembros de logística, voló hasta el fanático y de alguna manera logró atravesar de un lado del escenario al otro con él para finalmente retirarlo. Pero me estoy adelantando a los hechos.


Más de uno nos preguntábamos cómo iban a acomodar a un baterista, un trompetista, un trombonista, un cellista, un bajista, dos guitarristas y una cantante en la tarima de Ozzy Bar; yo sigo sin saber cómo lo hicieron, pero lo cierto es que todos tuvieron su espacio y en ningún momento nadie se vio incómodo, es más, hubo espacio hasta para bailar, y es que francamente no tiene alma el que no se intente siquiera mover por muy torpe que sea en un concierto de Diablo Swing. Daniel Hedin y Martin Isaksson fueron responsables de esos primeros e improvisados movimientos cuando dieron la entrada de Guerrilla Laments, tema del más reciente trabajo de la banda, Pandora’s Piñata. “Are you ready for more dancing, Bogotá?” preguntó Daniel Håkansson, el carismático líder de la banda, mientras Johannes se ponía de pie al lado de Annlouice para interpretar el dúo con aires flamencos de A Rancid Romance.


Un poco más de merecido protagonismo para Johannes mientras Håkansson lo presenta al público y anuncia que nos llevarán en un paseo hacia el este con algo de su nuevo álbum, bajan las luces y la dulce melodía del cello da una corta serenidad antes de que batería, guitarras y las voces de Annlouice, Daniel y, eventualmente, Johannes aceleren el ritmo; la engañosa Black Box Messiah resume en segundos gran parte de la esencia de Diablo Swing. “And now, we are going to play a little swing for you… mon amour” Voodoo Mon Amour, primer sencillo de su tercer album puso a todo el mundo a corear y a gritar; y de lo más reciente una pregunta nos transporta al primer álbum de Diablo Swing, “Have you heard of a little album called The Butcher’s Ballroom?”, Heroines llega con un sonido más pesado y menos festivo, las cabezas se agitan por todo el lugar; sin embargo, el trombón de Daniel Hedin y la trompeta de Martin Isaksson (que a pesar de no estar en la versión original se mezclan perfectamente) junto con el bajo de Anders Johansson mantuvieron todo el tiempo un ritmo subyacente que llevó siempre al público.


Silencio expectante y algunas preparaciones en el escenario (la guitarra de Daniel Håkansson tuvo varios problemas durante gran parte del concierto) y de la nada acordes sencillos que delatan otra canción del primer trabajo de la banda, esta vez es Wedding March For a Bullet la que pone a gritar a los asistentes. Todos los miembros de la banda se conectan de alguna forma u otra con los asistentes, saludan y posan para fotos; tal vez porque en su país natal no son un grupo tan reconocido o tal vez porque en verdad son personas sencillas, todos los miembros de Diablo Swing se suben al escenario y lo entregan todo sin reparo alguno, son un grupo de gente que disfruta haciendo música. Durante las canciones en las que no participan Hedin e Isaksson se sientan como si nada en la barra del bar a disfrutar de una cerveza mientras miran al resto de la banda, saludan a los fans y bailan un poco.

Un impresionante solo de bajo es la introducción a las voces de Annlouice, Daniel y Pontus con la demencial Bedlam Sticks, de la que se siguió sin pausa alguna uno de los grandes momentos de la noche, Infralove, una canción que, aunque parezca imposible, carga incluso más energía que las demás y que permite disfrutar todo el talento de Annlouice, sin duda una de las cantantes más valiosas que actualmente pueda tener alguna banda de cualquier género. Una invitación a continuar en el pandemónium que se desató hace ya más de media hora “Bogotá, dance with us until the end! Lucy Fears The Morning Star!”, gritos y cánticos que acompañaron el inicio carnavalesco de la canción entre las sonrisas de aprobación de los miembros de la banda, que hasta el final absorbieron toda la energía que emanaba del público y la devolvieron aumentada; como comentaron en algún punto, el calor en el sitio era sofocante, pero eso en ningún momento fue impedimento, mucho menos cuando la pregunta en el aire era “do you know how to dance tap?”. Johannes y Annlouice lideraban la improvisada coreografía, mientras los demás agitaban enfurecidamente las cabezas al ritmo de, quién lo creyera, tap, pero es que A Tap Dancer’s Dilemma engloba todo lo que es una presentación de Diablo Swing Orchestra, un momento de diversión sin inhibiciones en el que la música es la que dirige a cada persona.


¿Quién creería que después de semejante explosión de energía y talento vendría más? Pues francamente todos lo creíamos y si no, por lo menos lo esperábamos, el concierto todavía no había durado lo suficiente. La banda estaba contenta y en un arranque de emoción Anders tomó el micrófono y gritó “¡Bogotá! ¡Viva Colombia!”, aplausos en ambas direcciones y clamores del público por la banda. Cuando hubo un poco de silencio fue posible presentar la siguiente canción, Kevlar Sweethearts, un tema relativamente relajado del Pandora’s Piñata para contrarrestar la explosión salida del Sing Along Songs For The Damned And Delirious.

Secándose el sudor y sonriendo, Daniel presentó la canción siguiente, dedicada especialmente para las mujeres del público, quienes, según son propias palabras, eran tan hermosas que a penas y se podía concentrar. Solitarios acordes de guitarra llenaron el recinto, gritos de reconocimiento y sin más, una de las piezas más eclécticas del Butcher’s Ballroom, Poetic Pitbull Revolutions continúa la fiesta. Un cambio de ritmos cuando anuncian un poco de “música de surf” y así es que Ricerca Dell’Anima inunda el bar.

El calor es cada vez más sofocante, sobretodo porque, aparentemente, el público ha demostrado que puede bailar, pero “can you also sing?”; toda la banda empieza a dirigir al público en una corta versión a capella del ritmo principal de Vodka Inferno y, una vez satisfechos, sin más y a una velocidad impresionante, bailando, saltando y corriendo dejan que la canción caiga sobre la audiencia. “Do you want other song?” muchas más, de ser posible, pero cuando la batería empezó a llevar un ritmo de jazz y todos empezamos a chasquear los dedos al ritmo de la contagiosa Ballrog Boogie, increíble carta de presentación de la banda desde 2003, sospechamos que sería lo último, así que preparados y listos para bailar, corear y gritar. La banda pensó lo mismo y así lo hicieron, todos tuvieron su momento de protagonismo, más latas de cerveza fueron alzadas en honor al público y la bandera de Colombia que se trajeron desde Medellín fue hondeada una última vez en el escenario por todos una vez concluida la fiesta. Ovaciones más que merecidas, agradecimientos de parte y parte y una despedida que, esperamos sea un hasta luego.


La presentación en Bogotá fue un éxito con venta total de boletería y aunque aparentemente al concierto en Medellín no fue tanta gente como se esperaba, es seguro decir que para quienes sí asistieron el concierto fue un éxito, tanto para el público como para la banda, Anders Johansson comentó que disfrutó el concierto en la capital paisa y que siempre prefieren espectáculos de unas 300 personas cuando conocen un país. Pues bueno, esperamos que para la próxima se enfrenten con un público más intimidante la primera vez, pues ya es seguro que varios de los que se los perdieron esta primera vez no van a dejar pasar una segunda oportunidad de ver en vivo semejante espectáculo.

Por Juanita Navarro