Reseña de Green Day en el Festival Nem-Catacoa

FESTIVAL NEM-CATACOA
GREEN DAY
Cajicá, Club de Polo
Domingo 10 de octubre del 2010

EL CIRCO SIN CARPA


Quién hubiese imaginado que más de 15 años después a la publicación del exitoso álbum “Dookie”, la agrupación Green Day continuaría su incesante carrera llenando estadios y enamorando a la audiencia ante el mutismo de quienes tanto les criticaban desde sus primeros pasos. Tal relevancia situada en tiempos adversos para la industria discográfica no corresponde a una estrategia de marketing basada en la chismografía (prototipo Lady Gaga) o que el punk rock se halle en el pináculo de popularidad. No. Lo del trío californiano ha sido recoger la buena cosecha que han venido sembrando desde los años 90 y que encontró en el disco del 2004 “American Idiot” su cenit, catapultándolos como un acto de primer nivel. Llegaba finalmente el turno para el debut en suelo colombiano y como tal no podía dejarse pasar por alto semejante suceso.


La aparición de Green Day se produjo en el marco del primer festival Nem-Catacoa. Una grandiosa idea para un país carente de citas de dicha envergadura, ya era hora que la gente al igual que sucede en otros puntos geográficos pudiese disfrutar con una sola boleta de las presentaciones de varios artistas en un entorno campestre. Si bien dicho festival no puede ser considerado como un espacio abierto netamente al rock, ya que la primera jornada estuvo orientada al pop, la electrónica, los ritmos urbanos y las fusiones y la segunda fecha exhibía un cartel bastante ecléctico, se puede decir que se cumplió con las expectativas de los asistentes y de paso se demostró que aquí iniciativas de este talante pueden ser fructíferas.

Dejando a un lado los populares festivales distritales que con el gancho gratuito convocan a miles de asistentes y a la postre dejan mal sabor de boca, nos trasladamos al norte de la ciudad para contemplar aquella pisada de animal grande en el incipiente camino de los festivales (pagos) en Colombia. El Nem-Catacoa (como se agradece no haber recurrido a un rimbombante apelativo en lengua inglesa para este evento, algo típico en los “creativos” criollos) ofrecía al ojo y al oído un buen montaje técnico y logístico. Buena distribución de espacios, zonas de alimentación, adecuada señalización, fácil acceso y cercanía a los escenarios. El único aspecto negativo fue el terreno, que a consecuencia de la humedad y de no estar listo para soportar el peso de la muchedumbre cedió, convirtiéndose en un desagradable barrial que exigió calzado y hasta un atuendo semejante al de una competencia de bicicrós.


En esta reseña hablaremos del excitante espectáculo entregado por los infatigables héroes del punk rock norteamericano. Y es que tras presenciar la empalagosa presentación de los nacionales Don Tetto (me perdonaran los cuantiosos seguidores del conjunto pero su sensiblera y facilonga propuesta no me parece merecedora del despliegue mediático que acaudalan) y a una congregación indígena elaborar un ritual en tarima que tras prolongarse más de la cuenta recibió resonantes rechiflas, poco de lo previo me queda por comentar.

Nueve de la noche, el frío de la sabana tratando de penetrar los huesos. Todo el público que acababa de presenciar la actuación de los neoyorquinos The Bravery (muy bien referenciada por personajes de los que doy fe) se vuelca sobre la tarima principal para no perder detalle del proceder del plato fuerte de la jornada. Un hombre disfrazado de conejo rosado se roba las risas de los espectadores con su sinvergüenza colección de erráticos movimientos y consumo apresurado de una botella de cerveza. Se marcha y The Ramones retumban en los parlantes como presagió a la descarga que se viene. Entonces, prosigue “Song Of The Century” ante la histeria que solo se ve superada por las estruendosas explosiones y la salvaje aparición de cada uno los integrantes de Green Day. Con serias intenciones de noquear en primer asalto, se lanzan sobre fundamentales piezas como “21st Century Breakdown”, “Know Your Enemy” y “Holiday”.


Es claro desde un inicio que el grupo no ha perdido ni una pizca de su espíritu juvenil y de su socarrona forma de ver la vida. El frontman Billie Joe Armstrong es el maestro de ceremonias con que cualquier fiesta rockandrollera desearía contar. El tipo sabe como seducir a una audiencia, así esta sea bastante amplia. No hay truco en ello, su personalidad se conjuga con la conveniente ejecución de los temas –sabiendo donde alargar y donde ser fieles al registro discográfico- derivando en algo colosal. Hubo momentos para todos, desde los chicos que cayeron enamorados con el bombazo de los dos miles “American Idiot” del cual escuchamos a continuación “Letterbomb”, “Give Me Novocaine”, “Are We The Waiting”, “St. Jimmy” y “Boulevard Of Broken Dreams”; como satisfacción para los viejos seguidores (donde me incluyó) que tuvimos el gusto apreciar clásicos tales como “Burnout”, “Geek Stink Breath” “Hitchin´ A Ride” y la vitoreada “When I Come Around”. Todo sumado al jocoso paso del baterista Tré Cool al micrófono para interpretar la country “Dominated Love Slave” junto a la infantil “All By Myself”.

El combo se complementa con el preciso bajista Mike Dirnt, sin embargo este mecanismo de la diversión necesita de otros tres aplicados maquinistas como lo son Jason White en guitarras, Jason Freese en teclados y el saxofón y Jeff Matika también en guitarra. Puede que Green Day siempre entreguen esa imagen de trío en fotos y videoclips pero sobre las tablas estos colaboradores no figuran como simples y mesurados contratados, por el contrario son piezas claves de la flamante presentación. Al show no le faltan recursos, luces robóticas dotan de colorido el escenario, los telones de fondo se mueven para ilustrar distintas épocas, las pantallas de video siguen cabales los movimientos de los protagonistas y las constantes explosiones o las llamaradas hacen parecer lo brindado por Metallica hace unos meses como inocentes luces de bengala.


Como si lo anterior no fuera suficiente, el vocalista Billie Joe Armstrong sacó a relucir unas singulares armas para este tipo de eventos: una bazuca lanza camisetas, un lanzador de papel higiénico y además refrescó a las primeras filas con su ametralladora de agua. ¿Irreverentes? Tal vez, pero lo cierto es que estos tipos tienen los pies sobre la tierra y cuando llega el momento de rendir tributo a los más grandes saben hacerlo con sobrados meritos. Es así como escuchamos un contundente medley de himnos del rock duro encabezado por “Iron Man” de Black Sabbath, “Rock N´Roll” de Led Zeppelin y “Highway To Hell” de AC/DC. Apuesto a que más de un metalero enclaustrado se hubiera rendido ante esta dosis diestramente expuesta.

Los minutos corrían y el espectáculo iba en alza. Repaso del disco “Insomniac” con las canciones “Brain Stew” y “Jaded”. Llega otro punto alto de la noche, Armstrong avisa al público que continua “Longview”, no obstante necesita un vocalista para interpretarla. De la masa humana emerge un fan que sin titubear se apodera del micrófono y canta el citado tema de inicio a fin sin fallos mientras recorre el escenario robándose literalmente el show. Tal vez el número ya estaba cocinado pero nadie puede discutir lo fascinante que resultó, más aun cuando Armstrong como premio le obsequió a este “extra” su guitarra eléctrica ante miles de gritos y aplausos.


Regresamos a los preciosos años noventa con dos mazazos de la agrupación: el obligatorio “Basket Case” y la insuperable “She”. Posteriormente otro entremés al más puro estilo de estos geniales payasos, que ataviados de sombreros y otros accesorios rinden homenaje al “Rey” Elvis Presley con “King For a Day” de sobrada participación para el saxofonista Freese. La caricatura es secundada por otra reverencia a los pilares del rock and roll. Las cartas de juego ahora son “Stand By Me”, “(I Can´t Get No) Satisfaction” de los Rolling Stones y “Hey Jude” de The Beatles. La siguiente parte sería de infarto para los fans de sus más recientes producciones; la conmovedora “21 Guns” fue coreada por los miles de testigos, prosiguió “Minority”, “American Idiot” y la extensa “Jesus Of Suburbia”.

Pese a la aparente culminación del concierto por todo lo alto, aun quedaba más por ofrecer. Y es digno de señalar que tras dos horas y media de semejante desgaste físico, estos sujetos aun guardaran baterías para un cierre magistral. Las canciones presentadas a continuación fueron “Whatsername”, “Wake Me Up When September Ends” y “Good Ridance (Time Of Your Life)”. Creo que ante tamaño repertorio y vibrante descarga nadie pudo haberse quejado o quedado insatisfecho de adrenalina verde.


Algunos pueden seguir dudando de la calidad y valía de Green Day. Es comprensible si tenemos presente que la MTV y las radios FM por lo general nos embutieron pseudoartistas dispuestos a arrasar con premios y listados de popularidad de los que hoy difícilmente nos acordamos. A esta clase, créanme que los californianos no pertenecen. Armstrong se tira al piso, sacude el culo, vocifera los coros más pegadizos que todos como tontos repiten y al final, tanto el cómo su banda se salen con la suya ante miles de sonrisas cómplices. Estas canciones han pasado la prueba del tiempo y de ello dan fe dos generaciones de fans que se las han apropiado, por ello esta noche todos han gozado al máximo. Solo los grandes pueden ofrecer un espectáculo de tales dimensiones, una división a la que quieran o no, el trío se ha incorporado con sobrados méritos.


Reseña por Alejandro Bonilla Carvajal
Fotos por Harold Lozada http://www.haroldlozada.com