Reseña de Red Hot Chili Peppers en Colombia

Red Hot Chili Peppers, banda legendaria apoderada de más de una vivencia adolecente, que recuerda un sinfín de historias descabelladas, siendo testigo ferviente de más de un sueño rockanrolero transformador de vidas, de ideales y de interpretación, es el culpable de mucho de lo que somos hoy.


Puede que personas de anteriores generaciones a las nuestras, digan que esto sólo es una alusión exagerada, que simplemente no dejan de ser una banda común con sonidos estridentes que nos llevaron a la perdición; pero nosotros que lo llevamos en la sangre, sabemos que con lo que empecé este escrito es corto para lo que significa, y que si nos llevaron a la perdición, buena hora que seamos unos condenados y la eternidad nos “castigue” con su música por siempre.

Desde que se dio a conocer la visita de los Red Hot Chili Peppers a Bogotá, todo demostró que iba a ser un completo éxito, venta total de VIP a unas cuantas horas del lanzamiento de su boletería, sólo demostraban que el público colombiano desde hace mucho los estaba esperando.

Una banda llena de cambios, de historia y de hitos, que sólo demarca lo que es el ser “alternativo” uniendo varias generaciones a son de notas compuestas a ritmos diversos enmarcados por el punk funk, visitaría por primera vez a Colombia, siendo el parque Simón Bolívar el lugar elegido para que no sólo la tierra temblara a tonadas únicas de esta gran banda, precedida por las presentaciones de Son Bata y Foals, sino también los cuerpos, la voz y toda una ciudad que se mueve por el rock.

El 11 de Septiembre de 2011, más que ser la fecha de conmemoración al fatídico accidente de las torres gemelas, ocurrido ya hace 10 años, era la fecha marcada para una explosión energética planeada en los calendarios de los más de 25.000 asistentes al evento.

El domingo, llegó sin más que prisa y ansias. Desde las 3:00 pm, se abrieron las puertas del parque y así se dio comienzo a un evento que demarcaría una transformación en la historia de una ciudad que le apuesta a la cultura, el rock y a la convivencia basada en el arte.

Una entrada sin problemas y una organización total, fue el primer encuentro de los fans al llegar a la locación, no importó la hora de llegada, ni si la ubicación fuese preferencial o VIP, todo estaba listo para que el público disfrutara de un evento pensado para ellos.
Faltando un cuarto para las 6, 15 minutos antes de lo programado, salió a escena Son Bata, una banda de hip-hop de la Comuna 13 de Medellín, que se apodera de los ritmos haciéndose un gran ejemplar de la música urbana, comparado por muchos con Choquib Town.
Desentonar, como mucho creyeron que lo harían, no tiene cabida para una banda que promete desbancar a muchos y apoderarse de un universo musical contemporáneo y diverso.


A las 6:45 p.m., entro a escena Foals, banda inglesa de inddie que se robo la atención del público por un poco más de 45 minutos y enredó a más de uno con canciones como Blue Blood y Red Socks Pugie, demostrando así el poder de un género que se reinventa cada día.

Entre las 7:30 y algo más allá de las 8:00 p.m., los corazones empezaban a latir un poco más rápido, a nadie le importaba el frío, ni que al día siguiente hubiese que madrugar para trabajar o estudiar, todos estaban allí por una sola razón, y era esa razón, la que cada minuto se acercaba más y prometería dejarlos sin voz.

Pasadas las 8 de la noche, y después de terminar de ajustar los últimos detalles de escenario y sonido, un silencio único interrumpió el lugar que sólo dio vía libre a un “hola Bogotá, mucho amor esta noche, mucho amor, mucho amor”, palabras que retumbaron en los 25.000 corazones asistentes, que terminaron una espera eterna, la espera de al fin verlos en vivo.

El éxtasis del momento sólo podría llegar a ser comparado con el goce de la ambrosia por dioses, porque simplemente es eso, ambrosia, lo que llego a nuestros oídos, que más dulce e indescriptible que los toques la batería de Chad Smith, la guitarra de Josh Kinghoffer, el bajo de Michael Balzary y de la voz de Anthony Kiedis.


By the Way, Californication, Can’t Stop y Throw Away Your Television, son solo algunas de las canciones interpretadas por la banda, sin embargo, grandes faltantes como Aeroplane, Scar Tissue, y Snow, quedaron pendientes en la lista que muchos querían escuchar.

Un juego de colores y luces en las pantallas a través de filtros que representaban un ambiente pop art en las 4 pantallas led verticales del fondo, complementaban una escenografía dispuesta para un show con dos pantallas latearles y una central para el área preferencial.


Las improvisaciones en inglés y en español, fue el acercamiento perfecto a un público que vivía por ese momento, un punto único de conexión donde el idioma se volvía sólo uno, se compartía una noche con mil recuerdos que se apoderaron de las mentes.

Los gritos ya sin voz y la energía desbordada, eran sólo un claro enmarcaban una noche que no amenazaba con acabar. Un cover de Stieve Wonder, Higher Ground, fue solo una de las grandes apuestas de la banda.


Quizás el momento de más éxtasis, fue el sólo de percusión donde se alternaron las congas y la batería, ritmos que marcaron el paso a seguir en medio de un movimiento de la tierra, movimiento generado por los saltos de los asistentes y que no representaban más que las vibraciones que despertaban en el alma.

Este no fue el único solo, toda la velada tuvo presencia de solos de guitarra y bajo, improvisaciones y sobre todo una conexión total entre público y artistas.

Después de un poco más de hora y media de presentación, Red Hot Chili Peppers, dío por finalizada su presentación en Bogotá, y que mejor forma para hacerlo que con Give It Away, una canción recordada por muchos y coreada por todos los presentes.


Así fue que se vivió un concierto al cuál no todos pudieron asistir, que deja un solo grito en su público y una esperanza que se espera cumplir, un pronto regreso de esa banda que ha marcado historia durante 30 años y que tiene más de 25.000 fans en Colombia.

Que el guitarrista es relativamente nuevo, que no iban a poder tocar todas las canciones que han llenado las cabezas y oídos de miles de fanáticos por más de 30 años, son quizás las críticas más grandes que podrían haber recibido de su público, pero no alcanzaron a ser razones suficientes para frenar una fiesta que decidió prenderse el 11 de Septiembre y marcar su majestuosidad en tierras colombianas.


Por Karol Vargas